13-03-2019

Harquitectes: Centro cívico antiguas Cristalerías Planell, Barcelona

Harquitectes,

Adrià Goula,

Barcelona, España,

Centro Cultural, Edificios Públicos,

En el edificio que antaño ocupaba la fábrica de cristal artístico Cristalerías Planell de Barcelona, hoy se aloja un centro cívico que ha conservado el mismo nombre proyectado por el estudio catalán Harquitectes. Se recupera así un episodio de la historia industrial de la ciudad con el que Harquitectes realiza un edificio de alta eficiencia energética.



Harquitectes: Centro cívico antiguas Cristalerías Planell, Barcelona

El estudio catalán Harquitectes ha proyectado un nuevo centro cívico en Barcelona, en lo que era el edificio dedicado a las antiguas Cristalerías Planell, una fábrica de cristal artístico que jugó un papel importante en el desarrollo industrial de la ciudad durante la primera mitad del siglo XX. Ocupando un solar triangular que se distingue del trazado ortogonal de la Barcelona del siglo XIX, el edificio de la cristalería se erigió en 1913 y contaba con una entrada principal por Carrer d’Anglesola, en el fabril barrio de Les Corts.
En 2012 cuando Harquitectes asumió el proyecto de restauración del edificio, el tiempo había dejado su inexorable huella y poco quedaba de las fachadas del modernismo catalán diseñadas por el arquitecto Josep Graner i Prat. La arquitectura original de la cristalería tenía una planta triangular como el solar, con dos plantas coronadas por una cornisa voladiza. Los muros perimetrales de ladrillo estaban ritmados a base de pilastras con capiteles decorados y amplias ventanas abovedadas que dejaban entrar la luz a los espacios de trabajo. La cristalería estuvo operativa hasta 1957, cuando pocos años después de la muerte de su fundador, Leopold Planell, cesó la producción. En los 50 años sucesivos se cegaron los muros sin ningún miramiento y sólo por razones de seguridad, incluidas las fachadas. La construcción fue abandonada a la decadencia natural, sin encontrar el valor de afrontar el problema desde el punto de vista urbano.
Hace unos años la administración municipal decidió ocuparse de recuperar este ejemplo de arqueología industrial, cuyas fachadas de Carrer Dr. Ibànez y de Carrer d’Anglesola mientras tanto habían quedado amparadas bajo la dirección general de Bellas Artes. No se trataba únicamente de salvar un fragmento de la historia del barrio, sino sobre todo de recuperar los restos de un edificio simbólico, en cuanto representaba la memoria de un fecundo pasado industrial que caracterizó el desarrollo de la ciudad en la fase de la segunda industrialización europea. En la primera mitad del siglo XX Barcelona fue protagonista de un crecimiento acelerado, que se materializaba con continuos y grandes proyectos urbanos. Se consolidaron los barrios productivos como Les Corts, donde existía una ciudad paralela a la otra burguesa, la ciudad de las familias trabajadoras. Ésta crecía en proporción con la industrialización, y sus habitantes a menudo se amontonaban en condiciones que solían ser miserables. En este clima nacieron las primeras asociaciones de trabajadores, organizaciones anárquicas que pondrían luego en marcha la lucha de clases que ya se empezaba a difundir en todo el mundo post industrial. Precisamente las Cristalerías Planell fueron el escenario de los acontecimientos que pasaron a la historia como la “huelga de los niños” de 1925, cuando los propios niños que trabajaban en la fábrica se soliviantaron contra la explotación y los abusos a los que estaban sometidos.
Ningún edificio de la época se salvó, a causa de la necesidad de modernización que se hizo evidente en Barcelona, especialmente tras los años 70. Precisamente por eso hoy en día las Cristalerías Planell no son solo un monumento, sino un memorial que el ayuntamiento deseaba que pudiera volver a la vida con la función específica de centro cívico.
Ahora, gracias al proyecto de Harquitectes el antiguo complejo industrial alberga un centro de servicios socio-educativos. Los espacios interiores han sido reformados por completo. En sentido vertical, el edificio se distribuyen en cuatro plantas, principalmente dedicadas a aulas, salas de reuniones y oficinas, mientras que en sentido horizontal el espacio se ha reducido, retrocediendo para apartarse por el lado sur de la fachada protegida, y por el norte desde la esquina entre Carrer Dr. Ibànez y Carrer d’Europa para crear un atrio triangular que actúa como filtro entre el interior y la ciudad exterior. La necesidad de alejarse de las paredes históricas se convirtió en una ventaja en términos de eficiencia energética para el conjunto. La crujía de pocos metros que se crea entre la piel exterior y la nueva estructura interior de ladrillo constituye una barrera para los rayos de sol por el lado sur, y para el ruido. Se decidió instalar una cubierta transparente tanto en la crujía como en el atrio, lo que transforma estos espacios en depósitos de luz, favoreciendo una iluminación más modulada den las aulas. Estos espacios también actúan como intercambiadores térmicos en las distintas estaciones del año, mientras que la cubierta con chimeneas favorece la ventilación natural.
La principal estrategia de eficiencia energética del edificio consiste por lo tanto en reducir sus necesidades, optimizando la luz natural, la ventilación natural y la inercia. Y de todas formas, para alcanzar los niveles de confort normativo y un consumo prácticamente nulo, como se exige a los nuevos complejos públicos, el edificio utiliza instalaciones de alta eficiencia, como la geotérmica y los paneles solares integrados en las chimeneas. Así, a su consumo energético mínimo, notablemente inferior al de un edificio medio de referencia, se suma un porcentaje de energía autoproducida.
El edificio construido en las antiguas Cristalerías Planell replica el tejido de ladrillos de sus orígenes, volviendo a abrir el cegamiento brutal que se había aplicado a las fachadas protegidas, en parte construyendo alguna nueva, como en la fachada oeste que queda completamente cerrada a la calle pero que ahora deja que se manifiesten los frisos originales restaurados. La última planta, en parte de ladrillo y en parte de paveses, es un piso de transición entre la estructura histórica y los tejados con chimeneas que parecen “tirar” del edificio hacia el cielo, aligerando su trama a medida que se aleja del suelo.

Suspendida entre el pasado y el presente, esta obra de arquitectura evita encubrir lo antiguo con un aura de reliquia. Al contrario, da valor a la relación con la ciudad actual mediante el esmero con el que define los cantos de los nuevos muros edificados, el de paveses redondeado y los de ladrillo.

Mara Corradi

Architects: Harquitectes (David Lorente, Josep Ricart, Xavier Ros, Roger Tudó)
Collaborators: Blai Cabrero Bosch, Montse Fornés Guàrdia, Toni Jiménez Anglès, Berta Romeo, Carla Piñol, Xavier Mallorquí, Andrei Mihalache
Team: ARS Project (environmental consulting), DSM arquitectes (structure), TDI (engineering), Play-Time (3D visualization)
Site: Barri de Les Corts, Barcelona (Spain)
Project years: 2012-2014
Construction years: 2014-2016
Built area: 1.694 sqm
Cooling / heating requirements: 18 KWh/m2a / 20 KWh/m2a

Photographer: © Adrià Goula (adriagoula@coac.net), (photo 23) Collection MACBA

Awards: BBConstrumat 2017 – Architecture award

www.harquitectes.com


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