10-11-2021

Harquitectes: Bodega Clos Pachem en Gratallop, Cataluña

Harquitectes,

Adrià Goula, Jesús Granada,

Tarragona, Spain,

Bodegas,

Una obra de arquitectura que contribuye a hacer grande un vino, gracias a la utilización de sistemas pasivos de energía. Es la bodega Clos Pachem que el estudio Harquitectes ha proyectado en la pequeña localidad de Gratallop, en la provincia catalana de Tarragona.



Harquitectes: Bodega Clos Pachem en Gratallop, Cataluña

Acostumbrados ya a trabajar en contextos con una rica historia a conservar y actualizar, como en el caso de la casa de vacaciones del pueblo de Ullastret, cerca de Girona, Harquitectes interviene con delicadeza en el trazado de calles estrechas del casco histórico de Gratallop, manteniendo una continuidad a la vez que se tienen en cuenta las nuevas necesidades de producción.
El proyecto en este caso se refiere a un solar en pleno centro del pueblo y que estaba ocupado por un edificio abandonado. Gratallop es una localidad de poco más de 200 almas y se ubica en las tierras de viñedos que producen el Priorat, famoso vino con denominación de origen de Tarragona. Por eso no sorprende que el casco histórico esté salpicado de enotecas y bodegas. En la parcela donde hoy se encuentra la bodega Clos Pachem había una construcción de dos plantas, más un solar vacío cubierto de vegetación salvaje que había aparecido por el abandono en que estaba la propiedad. Los lindes de la parcela estaban marcados por una tapia de piedra, una antigua estructura irregular caracterizada por una amalgama de piedras, ladrillos y enlucido, que fue el punto de partida del proyecto. Alrededor las casas son bajas, del mismo tipo de construcción, más algún edificio nuevo de hormigón “visto” y sobre todo, la Església parroquial de Sant Llorenç, con muros de ladrillo y de un tamaño imponente, que domina sobre el pueblo. La localidad ha conseguido mantener su autenticidad, en parte gracias a la elección de respetar la tradición en lo relativo a colores y materiales, combinando las exigencias del turismo con las de la producción vinícola y con las de quienes siguen viviendo entre estas paredes.
La parcela poligonal de Clos Pachem tiene una planta en forma de L que la normativa urbanística imponía fragmentar en dos partes, construyendo un gran volumen rectangular, lo más amplio y alto posible, que albergara la zona de la fermentación, y la parte restante, en forma de Z, donde ubicar los espacios de servicio. Esta última está concebida como un pasaje cubierto que se desarrolla envolviendo el pabellón principal por el lado sur. El itinerario sigue la geometría del lugar y de las tapias de piedra y ladrillo que marcan los lindes de la parcela, pegadas a los edificios adyacentes, los únicos muros que han sido mantenidos y recuperados. Se trata de una zona semipública conectada también visualmente con la calle mediante una verja de hierro alta pero “transparente”, y con una serie de espacios que acogen a los visitantes, equipados para la degustación del vino. El suelo es de terracota, como si continuara el color y la trama del ladrillo de las paredes, dando la impresión de entrar en un lugar totalmente diferente respecto a la calle. En el lado opuesto, un imponente muro de piedra en el que se embuten nuevos forjados de hormigón a distintas alturas que dan sombra al recorrido, cubiertas de vegetación colgante que se pueden usar como terrazas. Los proyectistas quisieron recrear la percepción de un ambiente subterráneo, protegido, y por lo tanto implícitamente precioso.

Pero no se trata solo de un análisis estético. Esta es la primera de una serie de decisiones que desde el principio contribuyeron a proyectar la construcción como un sistema que minimiza los requisitos energéticos y reduce el uso de maquinarias para generar confort ambiental. Los proyectistas explican que en cierto sentido la arquitectura se inspira en los principios biodinámicos con los que se hace el vino, reduciendo lo más posible las interferencias de tipo artificial, y apostando en su lugar por sistemas pasivos de gestión del microclima.
El agua de lluvia se acumula en las cubiertas de diferentes alturas hasta que rebosa y va bajando lentamente de una a otra reduciendo la velocidad, lo que contribuye a mantener fresco el ambiente. Las terrazas además crean protección y sombra contra la intensa luz solar, lo que es beneficioso tanto para los visitantes, como para la zona de vinificación interior.
Cuando el edificio anterior fue derribado, excepto las medianeras y una parte del muro que da a Carrer del Pirò, se excavó un semisótano para albergar el parque de barricas y la zona de almacenaje de vinos embotellados. La mejor forma de garantizar a estos espacios los niveles de humedad y temperatura constantes que necesitan de forma natural es en contacto con el suelo.
Pero las condiciones de estabilidad más difíciles de conseguir son las de la sala de fermentación. Para conducir el aire más caliente hacia arriba y refrescar la zona baja donde se colocan los depósitos, Harquitectes ha proyectado un espacio vacío de más de 8 metros de altura. Las paredes perimetrales y la cubierta están realizadas con capas de ladrillo, creando cámaras de aire fresco hasta llegar a un espesor de 1,75 metros. En el lado más largo, que da al pasaje interior, estas paredes no son completas, sino que se apoyan en pilares y trazan grandes aberturas, favoreciendo así la circulación de aire en las cámaras de aire. Su funcionalidad no se limita al dato técnico-climático, sino que esta solución funciona también como conexión entre las zonas de paso y la sala de fermentación, facilitando las maniobras de los medios, el transporte de la uva y el almacenaje de las maquinarias. De esta forma ayuda a los visitantes a comprender bien las fases de la vinificación.
Para sacar el mayor partido posible de la arquitectura como sistema pasivo para la producción del vino biodinámico se cuenta con un tejado que funciona como intercambiador de calor. Un sistema de circulación del agua en circuito cerrado se extiende entre dos niveles paralelos: el nivel superior está en contacto con el ambiente exterior, donde el agua se utiliza de noche como fluido de transferencia térmica para disipar el calor del espacio interior, mientras que el nivel inferior está en contacto con el suelo, donde la frescura se traslada al interior. Este intercambio a gran escala entre el interior del pabellón y la temperatura del exterior mediante la radiación constituye una fuente de refrigeración inagotable. La fachada principal, que reconstruye con ladrillos el antiguo muro perimetral que en parte se había derruido, está rematada con una capa fina de mortero, una especie de pátina del tiempo que armoniza la nueva fachada con las otras históricas de Gratallop. En ella emerge la trama de los ladrillos instalados, las líneas de las vigas, y hasta el nivel en el que se interrumpen los tabiques interiores para permitir que circule el aire en las cámaras. La obra de arquitectura declara de puertas para fuera su función de puertas para dentro y su sistema de construcción, sin protagonismos y sin olvidarse de la historia que la precedió.

Mara Corradi

Architects: HARQUITECTES (David Lorente, Josep Ricart, Xavier Ros, Roger Tudó)
Collaborators: Maya Torres, Berta Romeo, Víctor Nadales, Miquel Arias, Irene Puig, Xavier Mallorquí, Eva Millán
Team: DSM arquitectes (estructura), Oriol Vidal ingeniería SLP (instalaciones), Societat Orgànica (consultoría medioambiental), Carles Bou (aparejador)
Project years: 2013-2017
Construction years: 2017-2019
Location: Gratallops, Tarragona (Spain)
Built area: 1.117 sqm
Photographers: (01-10) Jesús Granada (estudio@jesusgranada.com)
(11-15) Adrià Goula comunicacio@adriagoula.com


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