12-07-2019

Victor Cañas: Casa Cocobolo in Costa Rica

Victor Cañas,

Fernando Alda,

Montezuma, Puntarenas, Costa Rica,

Ville,

La casa Cocobolo proyectada da Victor Cañas en la playa de Montezuma, Costa Rica, se convierte en intérprete de las nuevas necesidades antropológicas que caracterizan el lugar. Con la casa Cocobolo, que toma el nombre de los árboles que la rodean, Víctor Cañas interpreta el diálogo nunca concluido entre el hombre y el paisaje.



Victor Cañas: Casa Cocobolo in Costa Rica

La casa Cocobolo proyectada por Víctor Cañas en la playa de Montezuma en Puntarenas, Costa Rica, es una construcción emblemática del cambio cultural que ha experimentado esta localidad en las últimas décadas. Conocida por su carácter multiétnico y por su vegetación incontaminada, todo indica que hace años Montezuma fuera un destino principalmente para naturistas, hippies y artistas que llegaban de todo el mundo a estas playas para acercarse a un estilo de vida tranquilo, sencillo y respetuoso. Casa Cocobolo es la expresión de una investigación naturalista a través del lujo y las comodidades, en la que Víctor Cañas y su estudio se erigen en intérpretes de nuevas exigencias. Su obra de arquitectura valoriza el nuevo diálogo entre el hombre y el paisaje en un proyecto en el que suscitan interés las relaciones de fuerza que se instauran. Lo construido tiende por un lado a reducir al máximo su impacto en el suelo, mediante una estructura basilar: dos plantas de cemento constituyen el basamento y la cubierta de la vivienda, y entre ellas se crea un volumen donde predomina la superficie acristalada, resultando casi inmaterial. Por otro lado, ambos solados trazan un espacio fuertemente antrópico, en neto contraste con la naturaleza salvaje del entorno. En la distancia emerge el blanco de la cubierta que se extiende sobre el arrecife y de los pilares circulares sobre los que apoya. El basamento, que en parte acoge una piscina negra mientras otra parte se ha dejado en cemento vista, a excepción de la terraza revestida de madera, asume por el contrario los colores de la tierra y así parece querer desaparecer mimetizándose.
La casa Cocobolo actualmente se alquila a turistas como muchas de las villas de Montezuma. Se erige en el borde de unos acantilados de 40 metros de altura que la construcción incorpora como principal elemento de relación. Hacia el Océano Pacífico, por el lado suroeste, están orientados los planos estructurales con cierres laterales completamente transparentes, al contrario del lado noroeste de la villa, que se presenta más compacto y protegido por tabiques de cemento y acero.
Se llega a la casa precisamente por el lado norte, por una colina totalmente cubierta de árboles de cocobolo, la durísima madera tropical típico de Centroamérica y de la que toma el nombre el proyecto. La selva se extiende hasta el arrecife y a lo largo del cañón formado por el Río Montezuma. La villa se abre camino entre la vegetación sin dominarla, sino permitiendo que uno de los altos árboles de cocobolo entre en el espacio doméstico.
Cerca del edificio a los arquitectos se les ocurrió realizar una explanada para aparcar los coches, que de esta forma quedan a cierta distancia de lo que simbólicamente es el lugar en el que el hombre y la naturaleza conviven. Amplios escalones de cemento que imitan grandes rocas naturales, degradan hasta la entrada de la villa, marcada por un tejado de cemento bruto. La puerta principal se abre a un vestíbulo de doble altura separado del salón por una pared, con lo que se da intimidad a este espacio y privacidad al resto de la casa. Aquí empieza una escalera de madera maciza suspendida sobre un jardín de piedras del río que llega a la planta de arriba, dedicada a los dormitorios. Por el otro lado en cambio continúan los peldaños de cemento bruto hacia el salón, que se asoma hacia el mar delimitado únicamente por el marco de las puertas acristaladas. Se extiende a una piscina infinita negra con un estanque más profundo. Un sorprendente efecto de espejos crea la ilusión de continuidad entre la piscina artificial y el océano por debajo.
A un nivel ligeramente más elevado, la planta baja continúa en la cocina, que a su vez comunica con una terraza de madera, y a continuación un estudio en una posición más íntima, mientras los locales de servicio se sitúan en el lado oeste.
Pero el componente más sorprendente del proyecto podría decirse que se encuentra en la planta de arriba, una pasarela de Cor-ten, que a partir del rellano de la escalera se asoma al vacío. El trazado de este elemento de acero a modo de puente surca la planta en dos y adopta el mismo suelo de madera que el dormitorio del lado este, y sirve para marcar la jerarquía entre los espacios principales y los secundarios en el lado oeste. La fuerza de esta línea tendida hace que los arquitectos se refieran a ella como un dedo apuntando al horizonte. Sin embargo también este componente debe ceder frente al elemento natural: elevándose y traspasando el tejado, el árbol de cocobolo atraviesa también la pasarela, que en ese punto rebaja el parapeto, dejando así que quienes pasan por el puente puedan tocarlo y sentirlo como parte de la casa.

Mara Corradi

Architects: Victor Cañas
Design Team: Sara Araya, Andrés Cañas, Ricardo Chaves in cooperation with Silvia Prada
Structural Design: Ricardo Solano
Location: Montezuma, Puntarenas, Costa Rica.
Construction: 2015-2016
Electromechanical design: ECG Ingenieros Roberto Donadio
Landscaping: Thoren Ingals
Construction: Silvia Prada, Thoren Ingals
Photography: © Fernando Alda

canasarquitectos.com


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