13-03-2020

Arbol: Casa en Akashi, Japón

Arbol,

Yasunori Shimomura,

Akashi Hyogo, Japan
,

Ville, Residencias,

En una zona residencial de Akashi, en la costa de la isla japonesa de Honshu, la casa proyectada por Arbol incorpora la naturaleza al espacio cerrado y compacto de la construcción. Los espacios proyectados por el joven estudio Arbol cumplen las funciones básicas de dormir, comer y relajarse, y una naturaleza humanizada ocupa los intervalos espaciales.



Arbol: Casa en Akashi, Japón

Nos ocupamos de una pequeña vivienda unifamiliar para una pareja con tres hijos proyectada por el estudio Arbol en la ciudad costera de Akashi, en la isla de Honshu en Japón. Seleccionado entre los estudios japoneses emergentes según los premios Emerging Architecture Awards de The Architectural Review, Arbol hasta ahora se ha dedicado a realizar pequeñas viviendas construidas desde cero en parcelas reducidas de contextos urbanos, una situación muy habitual en Japón que siempre acarrea reflexiones profundas sobre el concepto de casa en este país.
Anteriormente habían realizado la casa en Nishimikuni, un barrio en pleno corazón de la metrópolis de Osaka, y en esta utilizan los mismos materiales de construcción y la disposición en una única planta con patios de aquella. Pero además el proyecto de la casa de Akashi tiene en común con el primero una serie de características ambientales que son típicas de las construcciones en Japón. El reducido tamaño de la parcela que coincide casi perfectamente con la superficie construida, el apremio por proteger la intimidad del cliente, el empeño por aprovechar en modo eficiente el espacio interior y por dialogar con el elemento natural, son todos rasgos de las construcciones japonesas actuales.
También el proyecto de Akashi se enfrenta a un contexto urbanizado e industrializado (en la ciudad se encuentra una de las fábricas de la Kawasaki Heavy Industries), donde las nuevas casas surgen en los barrios que se originaron tras el desarrollo urbano a lo largo de la costa. La relación de la población japonesa con la naturaleza, que suele dar la sensación de ser muy estrecha, muchos sugieren que debe ser entendida como una mediación entre un pasado rural en el que el hombre y la naturaleza coexistían, en constante contacto con el paisaje, y un presente en el que la vegetación siempre está en otro lugar, lejos del utilitarismo de la metrópolis y del trabajo. Para confirmar esta teoría de la distancia existente entre los japoneses y la naturaleza, en “ Antología japonesa. Una arquitectura de vanguardia” Leone Spita cita por ejemplo la hipótesis, que más tarde se materializó, de erigir un muro de hormigón armado con una altura de 12 metros y una longitud de unos 400 km, a lo largo de las costas de la región de Tohoku, asoladas por el devastador tsunami del 11 de marzo de 2011. La propia idea de levantar semejante barrera impenetrable entre el hombre y el mar, que para los occidentales sería algo inconcebible, recibió una acogida positiva por parte de muchos japoneses, tanto es así que el gobierno efectivamente edificó el muro.
Para la población japonesa la necesidad de alejar la naturaleza, sin duda algo muy amado, de la propia vida cotidiana ha llevado a la arquitectura contemporánea a imaginar una naturaleza que no sea salvaje, sino humanizada, regulada, confinada de acuerdo a los criterios del artificio inmobiliario, que siempre predomina sobre ella.
Las casas que ha proyectado Arbol primero en Nishimikuni y luego en Akashi hay que interpretarlas según estos códigos, y no como un abandono de la naturaleza, o un intento de hacerla prevalecer sobre la ciudad. Comparando el tamaño de la parcela, de 170 m2, con la superficie interna pavimentada, que es más o menos la mitad, se ve el esfuerzo que los proyectistas han aplicado en recuperar terreno para destinarlo a vegetación, ya que, citando otra vez el texto de Leone Spita, “para los japoneses incluso una minúscula lengua de tierra que rodee la vivienda es suficiente y logra elevar el espíritu del residente”. Un esfuerzo aplicado no a un edificio de varias plantas, sino de una sola, por lo tanto con un espacio residencial limitado, y donde evidentemente se reflexionó atentamente sobre la composición interna del espacio, lo que llevó por ejemplo a reducir al mínimo el número de habitaciones. Los espacios no están cerrados visualmente sino que se permean recíprocamente, y están dedicados a las funciones esenciales de la vida diaria, con el evidente beneplácito del cliente: se decidió incluir tres sectores, uno dedicado a dormir, otro a comer y la sala del tatami, un espacio sin definición específica y que es complementario a los otros dos. En él se puede leer, o tomarse un té en el tatami, el tradicional suelo japonés compuesto por paneles modulares de madera y paja trenzada.
Dentro de estas tres zonas adyacentes que forman una planta rectangular básica, como la forma de la parcela, se introdujeron un espacio cubierto y uno descubierto respectivamente, uno destinado al hombre y otro a la vegetación, uno de tierra o cantos y otro pavimentado. La casa de Akashi es por lo tanto una acertada síntesis de contrastes. Y que todos los espacios “humanos” estén construidos o revestidos de madera contribuye a aportar a la casa un elmento natural más, aunque se trate de una representación hábilmente proyectada y construida. Precisamente los arquitectos de Arbol subrayan el esmero con el que la empresa seleccionó las maderas adecuadas (desde cedro a ciprés japonés, pasando por abeto rojo), desde las del suelo a la de las paredes, además de vigas y pilares, a los que normalmente no se les da mucha importancia en el conjunto.
Se alternan los espacios cubiertos y los patios, lo cual, junto con la decisión de instalar cristaleras en muchos de los tabiques, logra que desde cualquier punto de la planta la perspectiva se enfrente al elemento natural reconstruido dentro de la casa.
Por el contrario la ciudad, el barrio, las demás personas quedan confinados fuera del muro compacto que encierra toda esta naturaleza en una especie de caja, un paralelepípedo minimalista de madera de cedro, que solo coincidiendo con el patio de la entrada incluye alguna fisura, más bien decorativa, por las que se puede intuir la vida del interior. Como mucha arquitectura japonesa contemporánea de la que nos hemos ocupado en estos últimos años, el supresión casi absoluta de la vida social es una de las soluciones que la construcción elige adoptar, prefiriendo reforzar una vida completamente privada dentro de la casa con naturaleza incluida. Aunque en la casa de Akashi esta separación encuentra un pasaje en la cubierta gracias a los patios: al ser un edificio de una sola planta los patios interiores verdes reciben y conducen al interior la trayectoria solar y el paso de las horas, los fenómenos atmosféricos cotidianos y la ventilación natural. La naturaleza lleva a escena, en pequeños espacios protegidos, la vida y su transcurso cuando la ciudad los niega.

Mara Corradi

Basic design & execution management: Arbol
Detail design: Arbol + Hasuike

Location: Akashi Hyogo, Japan

Structure: cedar wood

Outer wall: Galvalume

Inner floor: cedar wood

Wall: Plaster coating

Top: Plaster coating

Period: January 2018 - July 2018

Builder: Sasahara Corporation

Gardens: Oginotoshiya landscape

Coordinate: Arbol

Lighting design: Parco space systems
Furniture: SITATE Bandai Mfg.
site area: 172.81 sqm
total floor: 81.07 sqm
Photos by: © Yasunori Shimomura


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