10-09-2021

Arbau: Recualificación del Centro Soranzo, Forte Rossarol, Venecia

Arbau studio,

Venecia, Italia,

Hospitales,

Con la convicción de que la calidad del espacio contribuya a la mejora del paciente, el estudio Arbau realiza el saneamiento y reforma del Centro Soranzo, una estructura sociosanitaria que se ubica en Forte Rossarol, cerca de Venecia. Un proyecto cuya evolución empezó en 2013 y que da nuevo valor a un antiguo complejo militar.



Arbau: Recualificación del Centro Soranzo, Forte Rossarol, Venecia

Expuesto en el Pabellón italiano de la Bienal de Venecia de este año, el proyecto de recualificación del Centro Soranzo del estudio Arbau es otro interesante ejemplo del nuevo enfoque en los cuidados de los enfermos, así como de otras situaciones de dificultad o dependencia, enfoque que se afirma cada vez más en ámbito arquitectónico. Marta Baretti y Sara Carbonera, fundadoras de Arbau en 2004, hace tiempo que siguen este sector de la investigación orientado a la persona, a la valorización de la vida diaria, a la importancia de la iluminación natural y de la relación con el contexto medioambiental.
El Centro Soranzo se fundó en 2001 con el objetivo de ofrecer cuidados residenciales para dependencias. La estructura sociosanitaria se instaló en el complejo de edificios militares de Forte Rossarol, cerca del aeropuerto de Venecia, una amplia área considerada Bien de Interés Cultural en concesión a la asociación Coges Don Milani. En un terreno de 20 hectáreas rodeado de campos agrícolas, se distribuyen 35 edificios, 11 de los cuales acogen actualmente las estructuras del Centro Soranzo. En 2013 el estudio Arbau recibió el encargo de ocuparse de su recualificación de acuerdo con un proyecto en varias fases que incluía también la realización de un nuevo pabellón con espacios colectivos.
Como se puede apreciar en la planimetría, el conjunto se caracteriza por edificios de planta rectangular de una planta, con tejados de dos aguas, y alineados, que denotan su antigua función militar. Tras 10 años de actividad como centro de cuidados paliativos, la estructura sintió la exigencia de realizar un proyecto de saneamiento reformando todos los espacios de atención, los compartidos y los privados. Por un lado era esencial eliminar la imagen de cuartel mediante obras puntuales en la estructura y los colores, pero también se quiso reformar la distribución de los interiores mediante un proceso participado en el que se implicaron tanto los internados como distintos miembros de un personal que agrupa gran variedad de competencias: artistas relacionales, médicos, psicólogos, gráficos, neuropsiquiatras, dirección y equipo de soporte.
Así el espacio se convirtió en un elemento instrumental para el proceso de rehabilitación. Sin renegar de la planimetría original, las arquitectas decidieron valorizarla como punto de partida de un programa espacial centrado en la sencillez de formas, en la “normalidad” paisajista y en la ausencia de excesos estéticos.


Las obras que se han ido repartiendo a lo largo de los años se centran en varios aspectos: desde el saneamiento energético, a la renovación de los edificios existentes, a la ampliación volumétrica, desde la reorganización funcional de los espacios y zonas interiores al arreglo paisajístico de los espacios exteriores, hasta la proyectación del nuevo pabellón para actividades colectivas.
La optimización de la central de cogeneración presente y la aplicación de un sistema de aislamiento térmico exterior han hecho posible renovar totalmente las fachadas: la paleta cromática elegida se basa en dos tonos principales, el rojo ladrillo y un tono arena, que ofrecen variaciones en el rígido esquema de fachadas con ventanas todas iguales.
Desde el punto de vista de los volúmenes, se han realizado ampliaciones en tres edificios donde se encuentran los espacios comunes, para diferenciarlos de los que acogen las habitaciones y zonas privadas, para animar a frecuentarlos. Con la intención de limitar el impacto de las obras en las actividades del Centro y de reducir el tiempo de aquellas al máximo, las ampliaciones se han llevado a cabo con una estructura portante vertical y de cubierta a base de paneles prefabricados de X-lam, que en los extremos están cerrados con cristaleras. Gracias a la fachada transparente, los nuevos espacios realizados, que consisten en salas recreativas y salones comedores donde los huéspedes pueden reunirse, son puntos de conexión con el paisaje; las zonas exteriores pavimentadas son ideales para que se pueda pasear manteniendo el contacto con la naturaleza del entorno.
Además, las grandes cristaleras sirvieron para contribuir a la iluminación interior y al bienestar de los huéspedes, al igual que la elección de la paleta de colores de los interiores. Con el deseo de alejarse de los ambientes netamente hospitalarios, y con la ayuda de los neuropsiquiatras, las arquitectas estudiaron colores específicos distintos de los primarios con los que se indican por ejemplo, zonas de peligro, y combinándolos con mobiliario de madera, funcional, sin caer en lo banal. Algunas paredes de X-lam se dejaron de madera vista para enriquecer la experiencia del espacio con una sensación de tipo doméstica. Al reorganizar los interiores en base a los fines, en los espacios colectivos se amplió el tamaño de algunas ventanas para lograr ambientes más luminosos, en contraste con la tradicional imagen coercitiva de los centros de rehabilitación.
Para que el espacio fuera comunicativo, se proyectó una señalización ad hoc que oriente la circulación y las actividades en un modo que no sea invasivo sino que sea invitante, precisamente como el eslogan que los huéspedes se encuentran en la recepción: “entra para salir”. La coordinación gráfica fue fundamental para garantizar esa sensación de comunidad unida en viaje por el mismo camino de curación.
Para terminar el proyecto ha recualificado el paisaje del que forma parte la estructura realizando una nueva zona de acceso, reordenando los itinerarios peatonales y equipando el eje que enlaza las habitaciones con las zonas comunes mediante bancos de madera como si se tratara de una avenida urbana.
También la luz artificial se estudió para ofrecer la percepción del paisaje nocturno: presente para asegurar que se pueda circular pero evitando el efecto vigilancia, que tan a menudo se encuentra en las áreas controladas.

Mara Corradi

Architects: Arbau studio https://www.arbau.org
Structures and systems: Engineer Stefano Borsoi
Graphic design and communication: Sebastiano Girardi Studio
Artists: Artway of Thinking
Client: Centro di Solidarietà Don Lorenzo Milani
Location: Forte Rossarol, Venezia Mestre (Italy)
Project dates: 2013-2021
Total area: 44,000 sqm
Total indoor area: 3,512 sqm
Photos by: © Colin Dutton (01-06), Nicoletta Boraso (07 – 14), Orazio Pugliese (15 – 22)


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