08-06-2021

JUGUEMOS CON LOS ESPEJOS II

ICY&SOT, Phillip X Smith III, Doug Aitken, Murry Fredericks,

Ken Larmon, Torvioll Jashari, Lance Gerber, Stefan Altenburger,

Gstaad, Detroit , Milán, Tbilisi, Palm Springs,

Instalación,

Desert X, Elevation 1049: Frequencies,

abstract



<strong>JUGUEMOS CON LOS ESPEJOS II</strong><br />
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El espejo logra establecer un juego excéntrico con la realidad de su entorno, que estimulando nuestra fantasía nos introduce a mundos de gran alquimia. Numerosos escritores y artistas han sentido la atracción de atravesar el umbral de este portal que, al abrirse hacia un más allá posible de universos paralelos, logra hacernos soñar. La exploración de estos recovecos secretos se ha revelado a lo largo de generaciones como una fuente inagotable de fantasías y aventuras inolvidables.

Lewis Carroll hace que Alicia pronuncie estas palabras en el mismo instante en que está a punto de vivir su irrepetible experiencia en ‘A través del espejo’: “Oh, ¡qué bonito sería si pudiéramos penetrar en la casa del espejo! ¡Estoy segura que ha de tener la mar de cosas bellas! Juguemos a que existe alguna manera de atravesar el espejo, juguemos a que el cristal se hace blando como si fuera un velo de niebla...pero ¡mira!...¡se transforma! ¡Ahora será fácil pasar!
 
No es precisamente un velo de niebla lo que hay que franquear, sino más bien el lenguaje de una geometría muy alusiva. Trazada a base de 300 postes de acero inoxidable brillante dispuestos en secuencia regular, todos con una inclinación de 10 grados, nos atrae en Palm Desert con fuerza magnética al interior de un espacio que parece prometernos la unión con energías ancestrales. Se trata de un lugar completamente desolado, en el que la ausencia de todo amplifica la belleza y potencia elementos y fenómenos atmosféricos primordiales con contrastes de un lirismo increíble. En la amplitud del lugar destaca esta línea que, emanando la seducción de un espejismo, indica el círculo mágico que encierra. Se impone y luego gradualmente se desvanece en la arena y en los tonos del cielo, guiándonos al punto hacia el que converge, preanunciando una experiencia esotérica, momentos de contemplación y rapto absoluto.

'The Circle of Land and Sky ‘, by Phillip K. Smith III conceived for the first edition of Desert X in 2017. Photo by Ken Larmon/Flickr. 

Phillip K. Smith III, artista y arquitecto americano es el artífice de esta extensa instalación atmosférica, ‘The Circle of Land and Sky. El artista tiene una relación profunda con este paisaje en el que se crio, donde trabaja y tiene su estudio, e ideó la instalación en 2017 para la primera edición de Desert X. Crea obras principalmente a gran escala y en contextos naturales, como el desierto o playas oceánicas, de los que le encanta intensificar el carácter fascinante y sugestivo. A veces, aunque con menor frecuencia, se mide con el ámbito urbano, como hizo en Milán en 2018, en ocasión del Fuorisalone, en el patio de Palazzo Isimbardi de Corso Monforte. Allí, con su ‘Open Sky’, una composición tallada con muchas caras convexas a base de enormes placas de acero inoxidable pulido, buscaba amalgamar el cielo y la arquitectura. Su obra logró alcanzar esta simbiosis y con ella aportó a un lugar histórico el clima perfecto para abstraerse del tráfico urbano y dedicar algo de tiempo a la reflexión. Smith, al que con razón definen “un especialista de la luz, un alquimista, un inventor y un mago”, es consciente de que desear “experiencias potentes y memorables que no conseguimos explicar por completo’ forma parte de la naturaleza humana, convencido de que deseamos el mistério y la belleza porque nos recuerdan la unidad, el amor, la inmensidad y la complejidad incomprensibles que existen en el mundo”.
 
Inspirándose en el misterioso y evocador contexto desértico de indescriptible belleza, el anillo escultural ‘The Circle of Land and Sky, real a la vez que inmaterial, se vuelve impalpable con los reflejos de luz que renuevan continuamente en sus componentes la eternidad de ciclos cósmicos. Nos invita a prepararnos para enfrentarnos a un viaje que podríamos denominar ritual. El círculo, con su significado simbólico de espiritualidad, representa un arquetipo, el centro de partida primordial de un itinerario de inmersión. Se tratará de una experiencia compartida y personal al límite de lo atemporal, que ‘aferrando’ emotivamente a las personas, las obligará “a ir más despacio, observar y experimentar realmente lo que tienen frente a sí, algo que habitualmente no tenemos oportunidad de hacer en nuestra vida cotidiana”. Me gustaría parafrasear este proyecto con las palabras de una escritora famosa, Susanna Tamaro. 'Donde el corazón te lleve. Podría ser la exhortación que nos guía a ese lugar especial donde “las estrellas fugaces se desintegran, se convierten en una especie de polvo. Polvo que lo inunda todo, pero no un polvo normal de cosas sucias. El polvo de estrellas es mágico, brilla y vibra sin detenerse y se deposita siempre en la misma forma, la forma del círculo”. Es la descripción del ‘círculo mágico’ que Tamaro en uno de sus libros para niños dedica a los pequeños lectores, y creo que sirva como ejemplo poético de la situación, haciendo resaltar la importancia de conservar una mirada pura y la capacidad de dejarse emocionar.

El fotógrafo australiano Murray Fredericks imputa la causa de todas estas disfunciones a un individualismo llevado a la exasperación, un egocentrismo que ha legitimado la supremacía y las acciones de control por parte del hombre sobre la naturaleza, en una era que con razón se ha denominado Antropoceno. Concentrándose en esta vanidad que ha eliminado cualquier preocupación y ética medioambiental, nacen las imágenes absolutamente sublimes de la serie ‘Vanity’. El espejo, símbolo por excelencia de narcisismo,"emblemático de nuestra obsesión por nosotros mismos, individual y colectivamente”, se coloca en medio de escenarios inconmensurables, donde la luz, el color y el espacio son los protagonistas, desviando nuestras miradas de esa excesiva y patológica consideración de nuestro ‘yo’ egoísta. Fredericks siempre ha capturado en soledad lugares remotos que se presentan como auténticos itinerarios espirituales, que se conquista con el esfuerzo físico de días y días de camino, en las condiciones climáticas más adversas, y transportando personalmente todo su equipo. De esta forma desarrolla una relación que transforma lo físico en una conquista interior. Este proyecto arranca con la contraposición de dos espejos, uno frente al otro, que contribuyen a lograr un efecto de reflejo infinito, desorientando nuestros parámetros espaciales y haciendo que nos sintamos perdidos e insignificantes frente a horizontes infinitos inescrutables. Los espejos actúan como un pasadizo hacia una profundidad y una pureza que trascienden lo casual y nos impulsan a dejarnos llevar a momentos de fusión con la perfección, en una especie de redención.

'Human (Nature)', by ICY & SOT, Tbilisi, Georgia. 2017. Photo courtesy of ICY & SOT.

ICY & SOT, dos conocidos hermanos que se dedican al arte callejero, originales de la ciudad de Tabriz, en Irán, producen obras que especialmente a causa del sistema de censura intolerante de su país, se alimentan de la discrepancia política y de las protestas sociales. Su compromiso, además de manifestarse activamente contra las injusticias que nunca deberían caracterizar a una sociedad civil, recientemente también se ha concentrado en una acción de sensibilización para proteger el ecosistema. Human (Nature)’ inauguró en 2017 una serie de instalaciones que condena el consumo y los residuos, la doble plaga que está deteriorando nuestro planeta de forma irreparable, y que espera provocar una reacción de cambio y una mayor responsabilización personal. Una superficie de espejo en forma de figura humana tumbada en un claro de los campos en Tbilisi, Georgia, refleja el cielo, enfatizando el modesto tamaño del hombre en comparación con la extensa flora del entorno. ‘Nature’s Reflection’ deja su enigmática presencia a la libre interpretación, aunque con toda probabilidad pretende sugerir metafóricamente la fosa que el hombre se está cavando con sus propias manos en un terreno maltratado pero que subsistirá tras él. El azul intenso del cielo reflejado podría también aludir a otra calamidad urgente, la desaparición de un recurso precioso y vital, el agua, que el hombre se llevará a la tumba.
 
Otro artista americano, sirviéndose de la imagen refleja, ha realizado varias instalaciones in situ destacando la conexión imprescindible que debería subsistir entre el contexto y la arquitectura. Una de estas creaciones se concibió para la primera edición, celebrada en 2017, de Desert X, festival de arte organizado con la participación de artistas internacionales, no lejos de Palm Springs, en el valle situado entre Whitewater Preserve y Coachella, en el sur de California, con la intención de amplificar y exaltar el atractivo de una naturaleza árida y desolada como la del desierto, estableciendo un diálogo intercultural, lejos de las paredes algo sofocantes de museos y gallerías, sobre temas de resonancia global.

'Mirage', by Doug Aitken, conceived for Desert X, 2017. Photo courtesy of Ken Larmon/Flickr. 

Doug Aitken, conocido por buscar síntesis cinéticas interactivas mediante el uso de una cierta cantidad de medios, ha presentado, en medio de la nada ‘Mirage’, una pequeña casa estilo rancho completamente revestida de espejos, que “funciona como un prisma policromo de los colores del desierto en el vasto paisaje natural”. Expresándose con un lenguaje resultante de la contaminación entre arquitectura y Land Art, ‘Mirage’ “revela en la esencia de sus líneas una reconocible y monótona casa suburbana, que se refleja y desaparece en el vasto paisaje occidental”. El edificio disipa la banalidad de la anónima repetitividad de cierta periferia americana años 50 y se caracteriza con una nueva y sorprendente originalidad. En 2019 Aitken, decidió, con una actitud que se podría decir polémica, “abrazar lo banal en oposición a considerar lo regional como exótico.” Instaló el mismo idéntico tipo de casa, ‘Mirage Gstaad’, en la localidad alpina de Gstaad, en el cantón suizo de Berna, en ocasión de otro festival, Elevation 1049. Una vez más la luz natural y las condiciones meteorológicas cambiantes iluminaron y le aportaron vida a la obra. Esta, convirtiéndose en “la suma del paisaje contiguo”, muestra verdadero respeto por el medioambiente natural “con una forma casi camaleónica”.
 
En el año que transcurre entre ambos eventos, en un ambiente totalmente opuesto, dentro de un antiguo banco que lleva décadas abandonado en pleno centro de Detroit, el artista coloca Mirage Detroit’. Es una instalación aparentemente muy parecida a las otras dos pero con algunas diferencias significativas, como la iluminación totalmente artificial, estudiada con un sistema de luces instaladas específicamente para resaltar la continuidad de la relación que une la propuesta con el espacio que actúa de contenedor. Contenedor que esta vez no está representado por un contexto natural a cielo abierto sino que se trata de una importante obra de arquitectura, “una joya”, “un momento de grandeza cristalizado en la historia de Detroit, y que se ha mantenido “intacto, como congelado en el tiempo, a la espera de ser reanimado”. El contraste entre lo moderno y el estilo arcaico del edificio es extremo, y ambas realidades se entrelazan en una persecución dinámica de reflejos que se alternan en las paredes de ‘Mirage’, incitando a considerar el pasado industrial y a reflexionar sobre lo que será el futuro.

Detroit, como es bien sabido, fue la ciudad más grande de EE.UU. que se declaró en bancarrota en 2013. Qué duda cabe de que siguen vivos en la mente de todos los años prósperos de su boyante industria automovilística. El objetivo que Aitken se fija es concentrarse en un posible renacimiento, eligiendo una estructura que, al contrario de otras referencias maltrechas y abandonadas que se usan habitualmente para demostrar el estado de la ciudad, se ha conservado bien con el tiempo. El deseo consiste en “restituir el latido cardiaco a la construcción”, a un lugar surgido en la Edad del Oro que ha vivido muchas vidas, “ha sido un fracaso, ha estado en letargo, ha estado lleno de vida”. Mirage Detroit, por ahora sin residentes y sin narración propia, no pretende presentarse como una casa con características precisas sino más bien como una residencia suburbana americana genérica en espera de su identidad. Se puede visitar su interior, completamente revestido de espejos que se presentan como un laberinto de habitaciones y pasillos, y las paredes exteriores no tienen ventanas ni aberturas, para no interrumpir ni alterar los reflejos que se suceden en secuencias de cambio incesante, sugiriendo que no existe una visión unívoca sino perspectivas distintas respecto a una situación al momento en continua trasformación.

Estas distintas estructuras minimalistas, esculturas geométricas en forma de casa, casas anónimas de las que no se recuerda la construcción, a pesar de su aparente uniformidad, arrancadas a una evidente banalidad, adquieren cada una de ellas una identidad distinta y precisa. La luz se convierte en un ingrediente de importancia fundamental que ayuda a entretejer tramas. Cada visitante vivirá una experiencia única e interpretará una narración diferente. Sus pieles han aprendido a contar una historia que habla de interacción con un paisaje amado y respetado que no se quiere sofocar con la enésima construcción sin alma ni personalidad.

Virginia Cucchi

Credits:


Doug Aitken: https://www.dougaitkenworkshop.com/
Phillip K. Smith III: https://www.pks3.com/
Murray Fredericks: https://murrayfredericks.com/
ICY & SOT: https://icyandsot.com/

Luma Foundation: https://www.luma-arles.org/luma/home.html
Library Street Collective: https://www.lscgallery.com/
Desert X: https://desertx.org/

Cover: Doug Aitken, Mirage Gstaad, 2019. Part of Elevation 1049: Frequencies, Gstaad, Switzerland. Image courtesy of the Artist and Luma Foundation; Photo Torvioll Jashari.
01: Doug Aitken, Mirage Gstaad, 2019. Part of Elevation 1049: Frequencies, Gstaad, Switzerland. Image courtesy of the Artist and Luma Foundation; Photo Torvioll Jashari.
02-03: Philip K. Smith III, The Circle of Land and Sky. Part of the first edition of Desert X in 2017. Photo by Ken Larmon/Flickr
04: Philip K. Smith III, Open Sky at Milan’s Fuorisalone, in the courtyard of Palazzo Isimbardi, 2018. Photo courtesy/archive COS. 
05: Doug Aitken, Mirage, 2017. Part of the first edition of Desert X in 2017. Photo by Ken Larmon/Flickr
06-07: Doug Aitken, Mirage, 2017. Part of the first edition of Desert X in 2017. Photo by Darek/Flickr
08: Doug Aitken, Mirage, 2017. Part of the first edition of Desert X in 2017. Photo by Binx/Flickr
09-10: ICY&SOT, Human (Nature)' ,Tbilisi, Georgia. 2017.
11-13, 15-16, 19 : Doug Aitken, Mirage Gstaad, 2019. Part of Elevation 1049: Frequencies, Gstaad, Switzerland. Image courtesy of the Artist and Luma Foundation; Photo Torvioll Jashari.
14, 17-18 : Doug Aitken, Mirage Gstaad, 2019. Part of Elevation 1049: Frequencies, Gstaad, Switzerland. Image courtesy of the Artist and Luma Foundation; Photo Stefan Altenburger.
20-23 : Doug Aitken, Mirage Detroit, 2018. Photo by Lance Gerber. Image courtesy of the Artist and Library Street Collective

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