30-03-2021

JARDINES COMESTIBLES 

WORKac, Fritz Haeg,

Nueva York, Estados Unidos,

Urban Farms,

Victory Gardens , Edible Estates ,

“Cuando el mundo clásico se haya agotado, cuando hayan muerto los campesinos y todos los artesanos, cuando ya no queden luciérnagas, ni abejas, ni mariposas, cuando la industria haya hecho que el ciclo de la producción sea imparable, entonces nuestra historia habrá acabado”,- Pier Paolo Pasolini



<strong>JARDINES COMESTIBLES </strong><br />
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"Quien siembra, transmite” es un proverbio italiano muy real, aunque desgraciadamente hoy el mundo agrícola constituido por pequeños productores locales parezca estar en riesgo de extinción. Como enfatiza Pasolini con esa metáfora sobre la desaparición de las luciérnagas, el paisaje agrario y con él uno de los trabajos más antiguos que abarca la naturaleza y la supervivencia del género humano, están en grave peligro. Hace poco ha salido un hermoso cortometraje de Alice Rohrwacher, una directora muy atenta a la crisis y profunda transformación que afecta a la realidad campesina. Hablando como hija de un apicultor, nos cuenta cómo estamos poco a poco perdiendo estos insectos vitales para regular el ecosistema, a causa de un ambiente que cada vez es más inhóspito por los monocultivos intensivos decididos por grandes corporaciones y por el uso indiscriminado e imparable de pesticidas sintéticos altamente tóxicos. Y nos cuenta también cómo los pequeños agricultores están luchando para contener esta avalancha de especulaciones y pesticidas. La intención de Rohrwacher, en colaboración con JR, un artista que me encanta, era presentar un tributo, una homilía que acompañase a un rito fúnebre en honor de todos aquellos sin nombre que han conservado las semillas y custodiado la experiencia de un saber para la próxima generación. Pero el rito fúnebre parece presagiar, desde una perspectiva de aceptación del ritmo cíclico que regula el orden de las cosas, la posibilidad de un renacimiento. Es lo que presagian las palabras de un viejo campesino al final de la función: “nos habéis enterrado pero no sabíais que éramos semillas”.

Y aunque la tierra se cultive cada vez menos de forma manual, sus palabras suenan premonitorias de un deseo creciente, especialmente entre los jóvenes, por recuperar y preservar el patrimonio de un cierto estilo de vida y convertirlo en su propio futuro. Una de las razones que quizás impulsa a dejar una vida cotidiana muy distinta, es la atracción por una existencia en mayor contacto con una naturaleza que se echa en falta y por ese cansancio físico que logra satisfacer aportando serenidad y bienestar mental. Un pedazo de tierra que cultivar, como se lee que algunos deciden probar a hacer, desde luego que no es una actividad fácil y supongo que genere no pocas preocupaciones económicas, sobre todo en quienes no disponen de grandes capitales que invertir. Pero a veces estos pequeños terrenos iniciales se expanden y la aventura se transforma en una carrera. No es la primera vez que se manifiestan regresos a la agricultura, en parte provocados por la necesidad de una situación fortuita y en gran medida por el deseo de sentirse útiles respecto a la familia y a la colectividad. Durante la I y la II Guerra Mundial la producción alimentaria disminuyó drásticamente, con el reclutamiento de la mano de obra agrícola para el frente, y con muchas granjas devastadas por el conflicto.

'Victory gardens' in London during WWII. Wiki/photo. 


Esta situación dio inicio, sobre todo en EE.UU., en Reino Unido y en Alemania, al denominado movimiento ‘Jardines de la victoria’, huertos improvisados que se instalaban en casas particulares y parques públicos, promovidos por el gobierno para integrar los escasos recursos alimentarios, pero también para potenciar la moral de la población, que al hacerse cargo de ellos, conseguía sentirse gratificada. Una amplia campaña que iba desde sellos a panfletos, con grandes carteles publicitarios repletos de color, donde campeaban eslóganes del tipo: “Cultiva tú también, puedes hacerlo”, “Un huerto en cada casa”, “A golpes de azada para la victoria”, sostenía este esfuerzo de solidaridad, una aportación que conjugaba la utilidad práctica con la conciencia de contribuir a realizar un ideal noble e importante. 



The British 'Dig on for Victory' poster by Peter Fraser. Wiki/photo 


Se dedicaban los metros que se tuvieran en patios o jardines a plantar hortalizas o cuidar animales de granja como gallinas y poder recoger los huevos, para uso personal y para contribuir a la campaña bélica, organizaciones femeninas llevaban jardineros expertos a las escuelas para implicar a los niños y a sus familias. Además de los terrenos sin cultivar que se podían encontrar por doquier, se requisaban campos deportivos o campos de golf para dedicarlos a los cultivos. Los jardines ornamentales y cualquier pequeño espacio particular se usaba para recoger un poco de todo, sobre todo hierbas medicinales que pudieran compensar la escasez de medicinas. En EE.UU. aproximadamente un tercio de las verduras cultivadas provenían de los jardines de la victoria y hay ejemplos muy significativos de la propaganda política, que promovían lo que se consideraba un deber patriótico. Desde Woodrow Wilson, que había permitido que las ovejas pastaran en el césped de la Casa Blanca para no tener que usar el cortacésped, a Eleanor Roosevelt que también en la residencia presidencial había hecho cultivar una amplia parcela. También en Francia y en la Unión Soviética se apoyaban los cultivos urbanos mediante decretos e incentivos por parte del Estado. Y de la misma forma en la Italia fascista surgieron las llamadas huertas de guerra en pleno corazón de las grandes ciudades, en casas particulares o en espacios públicos, que invitaban a cultivar trigo, hortalizas y fruta. En las plazas principales se realizaba la trilla cubriendo las gavillas con banderas tricolores.



Victory gardens' in Milan, Italy during WWII. Archivi/orti di guerra.  

En los años ’50, una vez terminada la guerra, se asiste en EE.UU. a una fuerte expansión del área suburbana, que se satura en una febril difusión de chalets unifamiliares, con parterres perfectamente cuidados a la entrada que encarnaban la prosperidad de la posguerra, el sueño americano al que todos aspiraban. El jardín que había tenido una función de sustento recupera la puramente estética. Hubo un arquitecto y artista que sintió la necesidad de intervenir en este espacio convertido, como alguien lo definirá, "en la versión viviente de una moqueta”Afligido por el hecho de que no siendo necesario contribuir a la supervivencia del propio país se hubiera interrumpido el diálogo alimentado por la pequeña huerta, decidió dedicarse a un proyecto que, lejos de cualquier forma de imposición, quería asistir a hacer resurgir ese espíritu comunitario que había caracterizado los jardines de la victoria. Pero en este caso no debía estar promovido "desde lo alto hacia abajo” sino que debía impulsarse espontáneamente “desde abajo”, es decir, a partir de los ciudadanos. Nació así uno de sus muchos proyectos que se presentan con una base sencilla en apariencia y que se revelan poco a poco muy complejos por el infinito potencial temático que tienen en cuenta. Se concibe el Gardenlab, un conjunto de propuestas distintas dirigidas, mediante intervenciones para lugares concretos basadas en la ecología, a explorar la posibilidad de un cambio en la relación entre lo particular y lo colectivo, creando potenciales interrelaciones. Esta iniciativa particularmente interesante, en equilibrio entre placer y compromiso serio, refleja la versatilidad que caracteriza a su autor. 

Los 'Edible Estates’, o jardines comestibles, parte del programa, nacen de una idea de ‘delawning’, transformando el césped de los jardines particulares en paisajes comestibles altamente productivos, implicando a la familia propietaria, que con sentido de la responsabilidad y deseosos de colaborar se compromete a seguir el crecimiento, anotando con regularidad en un diario los cambios y los avances. Es una especie de pequeña revolución, no se trata solo de sustituir el césped con plantas autóctonas y verduras, sino que abarca un nuevo significado de ‘hermoso', no entendido en puro sentido estético sino social, un abrirse a la ‘calle’, saliendo de casa, que deja de ser un ‘caparazón para aislarse’. “Una maravillosa oportunidad”, como afirma el autor, “para reconsiderar que después de todo no es tan fantástico como se está viviendo”. Son varios los objetivos que persiguen estas intervenciones, como el cultivo de productos locales, la lucha contra el uso de insecticidas químicos y el ahorro del agua, el imperativo por el que se rige la investigación y el esfuerzo de Fritz Haeg es esencialmente uno: generar una sensación de comunidad en los barrios urbanos y suburbanos. Sus proyectos no se limitan a divulgar una situación que se está produciendo, sino que intervienen, participando y provocando participación como si fueran auténticas instalaciones de representación. Le acompaña en la organización y puesta en práctica de los trabajos un numeroso equipo de estudiantes y expertos en los múltiples sectores relacionados con el tipo de planificación y proyecto que se está afrontando.

La posición del césped que se convierte en huerta, que a la fuerza se sitúa delante de la casa y por lo tanto resulta bien visible desde la calle, representa no solo un gesto radical de alejamiento de la tendencia estándar que impulsa a exhibir nuestro verde parterre como símbolo de cierta condición social, sino que es también una declaración de independencia y libertad, de rebelión ante la difundida tendencia de comportamiento que se inclina a la homologación. La metáfora es muy explícita, nos habla del cultivo de un caro jardín en terrenos privados para el bien público. Es como decir que un ciudadano renuncia a su aislamiento buscando una interactividad auténtica con su comunidad.

Desde la plantación del primer jardín comestible, Edible Estate, en Salina, Kansas, se sucedieron otros, llegando a una serie de actuaciones que ya sin usar el parterre delante de casa se establecían en lugares de fuerte visibilidad. Así lograban tener un impacto y una influencia fenomenales, quizás incluso mediante el contraste con el paisaje urbano del entorno, prevalentemente de cemento, en un intento de sugerir modos de vida más responsables y naturales. Muchísimos lugares del mundo, Budapest, Estambul, Roma, Manhattan, Los Angeles o Londres, han acogido estas instalaciones hasta llegar a las más recientes en Tel Aviv, Estocolmo y Minneapolis. Muchas de las creaciones – representaciones de este auténtico activista y comisario artístico, capaz de eludir los márgenes entre la arquitectura y el arte, fueron encargadas y expuestas por museos e instituciones artísticas como la Tate Modern de Londres, el Whitney Museum of American Art o el Museo de Arte Moderno de San Francisco, por el interés que suscitan sobre todo desde el punto de vista educativo: celebrar la ética de un trabajo de colaboración y socialmente activo, reforzando el diálogo sobre la responsabilidad personal para un bien público. Sus obras, aunque intencionalmente aíslen el fragmento de una situación, saben provocar interés y desarrollar el problema oculto tras un indicio mínimo. Cargadas de problemática consiguen activar la empatía, dándole al espectador una razón para participar, convirtiéndose en agente y protagonista.  



'PF 1- Public Farm 1, designed by WORKac, installation in the courtyard of MoMA PS1, New York. 


Una tendencia que se delineará como una exigencia cada vez más impelente y difundida consiste en la recuperación del verde urbano en favor del bienestar holístico de la colectividad. En este marco hay una instalación pequeña pero muy elaborada, esmeradísima en cada mínimo detalle que merece la pena mencionar por ser inteligente y bonita. Hace unos años, en 2008, el estudio WORK ac se adjudicó la competición que se lanza todos los años y que representa una oportunidad para que los jóvenes talentos se den a conocer: la instalación temporánea en el patio del MoMA PS1 de Nueva York. Es especialmente significativo que consiguiera sobresalir con una propuesta bastante insólita, si se tiene en cuenta el ambiente festivo, un poco de estilo ‘playa urbana’ que se había impuesto en las ediciones anteriores. La vida de la ciudad por varios motivos ha conseguido redimirse, demostrándose incluso superior respecto a su contrincante suburbana, pero carece de un aspecto importante que es propio del campo. PF 1, Public Farm1, una ‘granja urbana’ en funcionamiento, que se despliega elevada a 9 metros de altura con una superficie de 2 km2, pretende concentrar la atención en esta carencia. Los jóvenes arquitectos quieren presentar un manifiesto arquitectónico y urbano, ayudando a recapacitar sobre el tiempo libre y reinventarlo, de una forma por así decirlo, revolucionaria, que sea a la vez “un símbolo de liberación, conocimiento, poder y diversión”. PF 1 es un muestrario a pequeña escala completamente funcionante y autosuficiente, donde logran cultivar 50 variedades de fruta y verdura autóctonas. Un equipo de colaboradores de lo más nutrido que reúne competencias variadas y específicas se puso manos a la obra para plasmar “esta nueva especie de infraestructuras sostenibles, que generan por sí mismas su propia autonomía, reciclan el agua de lluvia, producen cultivos e incentivan el tiempo libre”, demostrando que “incluso las visiones más increíblemente utópicas referidas a la posible vida en una ciudad verde están a nuestro alcance”.

La estructura de la insólita y visionaria granja suspendida, alimentada por energía solar y regada con un sistema de recogida del agua de lluvia en la cubierta, está constituida por un sistema sostenible, a base de materiales innovadores, tubos cilíndricos de cartón, biodegradables y reciclables. A la sombra de estos contenedores, agrupados en forma de flor, se puede sentar el público, cargar su móvil y degustar uno de los muchos cocteles e infusiones preparados con parte de esa gran variedad de fruta, verdura y hierbas aromáticas ecológicas cultivadas allí. “Una pieza artesanal de poesía pragmática”, es la hermosa expresión con la que Fritz Haeg ha definido esta creación, que plantea la urgencia que se ha de afrontar, apreciando sobre todo la fuerte energía vital que desencadena, “viva, tanto en la vida de las plantas que sostiene como en la vida de los muchos tipos de personas que han contribuido a la conversación para imaginarla, construirla y cuidar de ella”. La pareja líder, que según sus propias palabras ‘hace de pastor’, guía un equipo “que se ha ampliado hasta incluir una apasionante gama de actividades humanas: agricultores, ingenieros, comisarios artísticos y expertos de energía solar, estudiantes universitarios y empresas de suelo experimental, gráficos y criadores de pollos”.

Virginia Cucchi

Credits:

Cover image/foto 1: Omelia Contadina, regista, Alice Rohrwacher & artista, JR : http://omeliacontadina.com/  Cineteca Bologna: Visioni Italiane 2020, Omelia Contadina : https://www.youtube.com/watch?v=a-vroGeqoLQ
02-07: Victory Garden, Wiki, Public Domani
08-10: Orti di Guerra, Archivi 
11-13: PF.1 Farm, WorkAc, archivi di Architectseries

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