11-05-2021

CARLA JUAÇABA

Bia Lessa, Carla Juaçaba,

Federico Cairoli , Leonardo Finotti,

Nueva York, Estados Unidos, Venecia, Italia, Rio de Janeiro,

Biennale Architettura 2018, Shorefront for Art and Architecture,

Carla Juaçaba es una arquitecta que aspira a provocar y alimentar la imaginación participativa de su público a través de una copiosa síntesis de provocaciones que se expresan en el carácter esencial de sus obras. El concepto que anima su proyectación nace de la convicción de que lo incompleto ofrece una fuente de inspiración inagotable, consiguiendo renovarse continuamente, y que lo abstracto ayuda a hacer visible lo invisible.
 



<strong>CARLA JUAÇABA</strong>
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La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible eligió como sede en 2012 la ciudad de Río de Janeiro adjudicando el encargo de proyectar el pabellón temporal que acogería la cumbre global a una joven arquitecta brasileña. Y fue con un gesto sencillo a la vez que extremadamente audaz que Carla Juaçaba, con solo 34 años, se reveló a la atención mundial. Era una ocasión importante y ella demostró saber enfrentarse a ella con la desenvoltura y la destreza de una consumada profesional. Se desplazó hasta el lugar donde trabajaría con una amiga, Bia Lessa, cineasta y directora de teatro, para ver la ubicación y decidir juntas cómo realizar la propuesta. Querían que lograra transmitir con inmediatez y coherencia el urgente mensaje, pero que a la vez tuviera la fuerza de implicar a cada persona, haciéndoles sentir responsables directos de un posible cambio. Decidieron, al ver bases de andamio apiladas, que con ellas podrían construir toda la estructura y que serían un elemento perfecto para dar voz de forma adecuada a un programa que mediante objetivos más verdes y más igualitarios se proponía asegurar ‘The Future We Want’.
 
Y así nació una pasarela suspendida que acogía con una caminata de más de un kilómetro a lo largo del promontorio del fuerte de Copacabana, extendiéndose sobre dos de las playas legendarias de Brasil y con vista, simultáneamente, sobre la rápida y densa urbanización del centro metropolitano.
El material empleado, además de ofrecer una lección ejemplar de sostenibilidad, cumple además la segunda exigencia, consistente en concienciar a los visitantes. Los módulos con tubos de hierro recuperados in situ, sin necesidad de costosos transportes y sin ningún impacto en el terreno, dejan de lado su función tradicional original de soporte para transformarse en edificio y adaptarse en un futuro a otras exigencias de proyecto. Además de este ejemplo perfecto de economía circular, exponen físicamente el público ‘a la luz, al calor, a la lluvia, a los sonidos del oleaje y del viento’, de forma que cada uno se encuentre visual y emotivamente frente a un escenario natural que de la misma forma que fascina, nos puede turbar. El contacto directo, sin filtros de protección con las potentes fuerzas de la naturaleza acentúa la sensación de fragilidad y puede hacernos sentir a merced de una realidad que no es fácil de controlar a menos que se la respete.
  Carla subraya con orgullo que “el pabellón no alude a una imagen del futuro sino que es la prueba de lo que material y ecológicamente ya es posible en el presente”. La referencia está dirigida a la situación local e implica que la sostenibilidad no puede no estar relacionada con un contexto geográfico y social concreto. Humanidade, el título que le dio a su creación, ratifica el concepto, amplificándolo y enfatizándolo en el contexto global, entre las banderas de todas las naciones del mundo que adornan el largo puntal, subdividido en rampas y cerrado en algunos puntos con paneles de madera contrachapada para delimitar algunas salas para exposiciones y conferencias. La compleja red de entrelazados crea una presencia carismática, un enorme paralelepípedo perfectamente interpretable en su tridimensionalidad, una exaltación de 'abertura sin discriminaciones’ y una invitación contemporánea, carente de retórica, a interactuar. Premiada por su gran originalidad y por la determinación demostrada al afrontar y realizar una propuesta tan valiente y comprometida, mantendrá inalteradas con especial coherencia estas prerrogativas suyas con demostraciones que manifiestan la máxima linealidad y una aparente sencillez cargada de significados y referencias múltiples.

Al presentar sus obras, a menudo hace referencias al teatro, considerando que la arquitectura tiene gran afinidad con esta disciplina artística, ya que ambas, como afirma Aldo Rossi, imaginan un evento tanto si se produce como si no tiene lugar. Siempre he afirmado” escribe Rossique los lugares son más fuertes que las personas, la escena fija es más fuerte que el acontecimiento. Comparaba todo esto con el teatro, y las personas son como los actores cuando se encienden las luces del teatro, os implican en un acontecimiento al que podríais ser ajenos”. Los arquitectos construyen el espacio escénico y los artistas lo animan mediante la puesta en escena y la representación del drama dela vidaAl igual que el teatro no puede existir sin la relación que se establece entre actor y espectador, relación que Carla examina sobre todo en un ‘teatro pobre’, que se desenvuelve eliminando todo aquello que sea superfluo, para llegar a concentrarse en la plena expresión del espíritu, también sus realizaciones, síntesis de lo esencial, se inspiran en la abstracción y viven gracias a la participación emotiva y a las interpretaciones subjetivas de quienes se acercan a ellas.
  La fama que le consiguió el proyecto para Rio+20 hace que sea convocada a una cita prestigiosa y anhelada. En 2018 la Bienal de Arquitectura de Venecia será el marco de presentación de dos propuestas suyas. ‘Ballast’, será su respuesta a ‘Freespace’: una serie de bancos-prototipo, gruesos bloques de hormigón cemento montados en vertical, como tótems desalineados conectados por largas cuerdas, que se ofrecen como asiento. Un momento de pausa en el riguroso recorrido de los Giardini, una composición que tras su apariencia elemental esconde un estudio y un proceso de ejecución complejo, que se inspira y cita, como Carla suele hacer, en dos referencias importantes conectadas con la tradición veneciana: las maromas de la marina que antaño se fabricaban en las Corderie dell’Arsenale y los enormes bloques de hormigón usados para protegerse de las mareas.
 


También en aquella ocasión se asiste por primera vez a la participación del Vaticano, con la iniciativa de montar un Pabellón de la Santa Sede, encargado al Prof. Francesco Dal Co. La elección recae en un rincón apartado y muy sugestivo de la isla de San Giorgio Maggiore, una zona con una extensión aproximada de 1,5 hectáreas, suspendida en el medio de la laguna entre agua, cielo y tierra. El ‘Bosco’ de la Fondazione Cini, con toda la fuerza evocadora de su valor metafórico, intensa evocación al continuo peregrinaje de cada uno en busca de sí mismo, se destina a la disposición de 10 capillas, invitando a otros tantos arquitectos de fama internacional a que instalen referencias, puntos de encuentro a lo largo del trazado de este labirinto.

La pequeña ‘Capilla en el bosque’ de Gunnar Asplund, construida en 1920 para el cementerio de Estocolmo y que su propio autor define como un "lugar de orientación, encuentro y meditación, aparentemente formado por la casualidad o por fuerzas naturales dentro de un vasto bosque, vista como la sugestión física del laberíntico avance de la vida”, es la que inspira la dirección del proyecto y la función fundamental de la arquitectura. Al final las 10 presencias diseminadas en el espacio natural trazan un itinerario de lo más ecléctico que, libre de esquemas canónicos, pretende instaurar un diálogo entre cultura y sociedad, entre naturaleza y arquitectura, hablando de la espiritualidad sin que necesariamente esté vinculada con un credo religioso.
 
Entre arquitectos del calibre de Eduardo Souto de Moura o Norman Foster, con un obra icónica y minimalista en igual medida, Carla consiguió concentrar el interés general. Cuatro barras de acero cromado largas y finas sintetizan emblemáticamente los dos momentos más importantes de la espiritualidad cristiana. Se superponen formando una cruz y un banco: la primera se extiende hacia lo alto con un fuerte impulso, en un evidente anhelo ascético hacia la eternidad, mientras que el segundo, colocado sobre siete losas de hormigón que crean un ritmo en el terreno, invita a la comunidad y se expresa en términos de temporalidad. Las dos superficies reflejantes confirman el sucederse de la existencia terrenal y nos recuerdan la exigencia de la transcendencia. La señal, que asume una connotación iconográfica, se cuenta en toda su pureza. Aparece y desaparece jugando con la dicotomía de lo físico y lo inmaterial: en esta simbología encuentra su esencia auténtica.
  Se confirma una vez más la propensión por una arquitectura capaz de tejer tramas, una arquitectura que utiliza un idioma y módulos expresivos muy concisos pero que mediante la aportación de otras voces, del público que llena la escena, renueva la narración y conquista en continuación con algún matiz nuevo que antes no se había cogido y que se nos había escapado. También la tradición encuentra su autoridad gracias a una interpretación que exalta sus más altos valores y al coraje de quienes no reniegan de ella, sino que la proponen con alientos de panteísmo e impulsos que trascienden la secularidad. La pura forma geométrica, aislada en un claro del terreno rodeado y protegido por árboles, situación que alimenta los momentos contemplativos, contribuye a crear un ambiente de intenso lirismo.
 
Hay características antitéticas que, a pesar de parecer irreconciliables, conviven en las obras de Carla Juaçaba y producen resultados inesperados: todas las obras, desde las más audaces a las que en apariencia son menos provocadoras, son el producto de su gran pragmatismo y esconden complejos procesos técnicos de construcción. Además de una minuciosa atención a los mínimos detalles, sorprendentemente se cargan de tonos de lo más poéticos, que no tienen nada que ver con la rígida moderación que los caracteriza. Pragmatismo y poesía, pesadez y ligereza se completan y aunque las realizaciones estén ancladas al suelo, la luz logra a menudo transfigurarlas en abstracciones, haciendo resaltar el carácter esencial que es su alma. Es lo que la sombra genera en la cruz y el banco de acero inoxidable, haciéndolos desaparecer en ciertos momentos a nuestra vista, asimilándolos con el contexto natural y adjudicándolos a la eternidad.
  Hablando de esa arquitectura abierta, que revela y no esconde, como Carla prefiere, con credenciales que puedan hacer que todos sean activamente más cómplices y partícipes de una vida pública común, hay una instalación particularmente explicita, que con absoluta originalidad se dirige como una condena declarada contra una arquitectura antitética, al servicio de voluntades políticas, utilizada como instrumento de propaganda para confortar y hacer creer con su solidez y grandiosidad en un futuro de crecimiento y progreso. Inspirándose en la monumental obra de planificación y edificaciones civiles asignados a Oscar Niemeyer para la nueva capital de Brasil, Brasilia, que debía imponerse como emblema de desarrollo social, político y económico, concibe un proyecto cuya intención consiste en exponer la agenda política explícita que las construcciones interpretan. ‘Ministry for All’ es el título que con amarga y punzante ironía, se refiere al ambicioso distrito administrativo central, nueva sede de la nación, una serie de diecisiete edificios gobernativos colosales todos iguales que flanquean la avenida central, eje monumental de la ciudad, pretendiendo con sus imponentes estructuras formales sugerir una sensación de estabilidad, a pesar del continuo cambio y sucederse ininterrumpido de administraciones que ocultan. Una vez más con una obra que vuelve a sorprender por su sencilla y potente fuerza emblemática logra comunicar una auténtica complejidad. En la mítica gallería neoyorquina Storefront for Art and Architecture, referencia en la escena cultural mundial, conocida por promover talentos creativos emergentes, Carla quita los paneles de hormigón de las icónicas aberturas pivotantes de la famosa fachada, diseñada por Steven Holl y el artista Vito Acconci, exponiéndolos en el espacio interno de la muestra, dejando visibles en la fachada a la calle las partes que las componen. Quedan así expuestos los materiales utilizados para la construcción como los tabiques de aglomerado, espuma aislante, grietas, rastros de suciedad y grafitos. La función de embellecimiento y enmascaramiento se elimina, ofreciendo a los visitantes la lectura de los dos órdenes, el de dentro y el de fuera, el público y el privado en secuencia invertida respecto a la que normalmente se observa con rigidez por la costumbre. La intención de esta inversión de papeles es evidente: debería haber mayor coherencia entre el modo en que se usan los espacios y las intenciones oficialmente alegadas. Una excesiva teatralidad arquitectónica contribuye a aumentar su vulnerabilidad.


Virginia Cucchi 

Credits: 

Carla Juaçaba : https://www.carlajuacaba.com.br/
Cover: Vatican Chapel: Carla Juaçaba - Photo © Federico Cairoli 
01-07 : Humanidade Pavilion Rio+ 20 : Carla Juaçaba + Bia Lessa , Photo © Leonardo Finotti & (08 photo) Celso Brando
09-17 : Ballast: Carla Juaçaba - Photo © Federico Cairoli 
18-22 : Vatican Chapel: Carla Juaçaba - Photo © Federico Cairoli 
23-24 : Ministry for All : Shorefront for Art and Architecture : Carla Juaçaba + Marcelo Cidade


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