18-08-2021

ARQUITECTURA CIRCULAR  

circular economy ,

«un desarrollo que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas propias». - «Our Common Future», ONU



<strong>ARQUITECTURA CIRCULAR</strong> <strong> </strong>
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Hoy en día, se ha vuelto imprescindible reajustar la brújula moral de nuestras conciencias, dejando atrás una actitud muy extendida y despreocupada inclinada a un superficial enmascaramiento verde, con garantías irreales de recuperación. Es hora de abandonar las mentiras, los tópicos y las exageraciones del ecopostureo que ha marcado gran parte de los últimos años y, renunciando a la economía lineal tradicional, de reclamar un nuevo modelo circular. El panorama no es de lo más tranquilizador, ciertamente agravado pero no inesperado y súbito, si pensamos en ciertas anticipaciones y teorías que, aunque descuidadas y no apoyadas, habían previsto las consecuencias a las que nos llevaría el abuso desenfrenado de una riqueza que resultaba ya muy empobrecida en los años 50.
 
Existe un juego de simulación llamado World Game, también conocido como World Peace Game, que fue concebido como una reflexión sobre el hábitat humano que requería que el grupo de participantes, con un inventario exacto de los bienes del planeta, representados gráficamente en un mapa interactivo, intentara, de forma colaborativa, «hacer que el mundo funcionara para el 100 % de la humanidad, en el menor tiempo posible, mediante la cooperación espontánea, sin ofensas ecológicas ni desventajas para nadie». Una visión que abarca la totalidad del planeta en una aspiración de sostenibilidad holística. El autor de este juego interactivo, que data de 1961 y resulta ser terriblemente innovador, ya estaba convencido en aquella época de que el conjunto de altos conocimientos adquiridos, junto con las cantidades de importantes recursos reciclables que se habían extraído de la tierra, había alcanzado un nivel crítico, y que había llegado el momento de abandonar la competencia y adoptar la cooperación como estrategia para una supervivencia óptima. «La guerra está obsoleta» y «el egoísmo no es necesario y de ahora en adelante irracionalizable», declararía este pionero de una nueva forma de pensar a nivel global, Buckminster Fuller, quien, contemplando una concepción sinérgica y ecológica del mundo, estaba profundamente convencido de que cada individuo, como elemento constitutivo e interactivo de un gran mecanismo, tenía la responsabilidad de contribuir a una mayor equidad, ayudando a evitar la superpoblación y la distribución desigual de los recursos globales. El concepto de sinergia, como la acción combinada de diferentes reactivos para un mismo fin, iba a sustentar su filosofía social y de diseño.

A los pródromos trazados por la extraordinaria lección de un hombre que, dotado de una inteligencia y un genio excepcionales, dedicó sus energías a la búsqueda de una gestión equitativa de los recursos materiales en beneficio de toda la humanidad, siguieron las consideraciones medioambientales bastante inéditas de 1966 del economista estadounidense Kenneth Boulding. En 1962 se publicó «Silent Spring», un libro de Rachel Carson, una mujer que, especialmente preocupada por la conservación del medio ambiente, documentando los efectos negativos y contaminantes causados por el uso indiscriminado de los plaguicidas, y que acusaba a la industria química de difundir desinformación, había contribuido a inspirar un movimiento ecologista. Tras esta toma de conciencia que se había extendido por Estados Unidos, centrada en la relación entre el crecimiento económico y el desarrollo y la degradación, cuatro años más tarde se publicaba «The Economics of the Coming Spaceship Earth», el ensayo de Boulding, que, como «economista ecológico pionero», tal y como iba a ser definido, analizaba el sistema ecológico que estaba demostrando tener recursos limitados, lamentando la actitud en la que persistían sus colegas economistas, que seguían pensando y actuando como si la producción, el consumo, la productividad y el PIB fueran la medida suficiente y adecuada del éxito económico, sin intentar adaptarse, no sobrepasándose, a la disponibilidad cada vez más limitada que ofrecía el medio ambiente.
   
'Cradle to Cradle'. Foto di Wiki/Public Domain. 

Estas diferentes etapas han llevado a una posición de la que no hay vuelta atrás: ha llegado el momento, apelando a diferentes estrategias, de planificar una vida útil lo más larga posible y de diseñar para regenerar valor, evitando la obsolescencia que hasta ahora ha llevado al vertido.«Extraer, producir, usar y tirar» son los principios que han impulsado esta ruinosa lógica consumista, que nos ha llevado, debido principalmente a la producción de energía para la actividad industrial y el transporte, a una grave contaminación atmosférica, con importantes perjuicios para nuestra salud, y al recalentamiento de la atmósfera, con esos ruinosos efectos que ya se están manifestando y que, si no se hace nada, desgraciadamente se amplificarán. Abordar el problema con seriedad significa, por supuesto, replantear el famoso «business must go on» de acuerdo con unas expectativas más morales, que no deben detenerse, pero tampoco deben jugarse de forma unilateral. La sostenibilidad en este punto resulta insuficiente si no se prevé, planificando una continuidad de vida para el producto, y si cada uno de los individuos no es apoyado por la voluntad unánime de toda la comunidad. La economía circular es la nueva frontera, un programa codiciado y desafiante con consecuencias positivas de larga duración que podría responder a una descarbonización efectiva.
 
Reducir, reutilizar y reciclar son las 3 palabras clave que resumen el plan en el que se basa su filosofía, para garantizar un ciclo de producción capaz de generar más valor. En 2015, la Comisión Europea fijó una serie de objetivos que debían alcanzarse para 2030, y en 2019 elaboró un plan de economía verde con el «Green Deal», que pretende transformar a Europa para 2050 «en una sociedad de impacto climático cero, justa y próspera, con una economía moderna, eficiente en el uso de los recursos y competitiva». Entre los cinco sectores identificados como prioritarios para acelerar la transición se incluye el de la construcción y la demolición. Aunque los arquitectos se esfuerzan cada vez más por diseñar de forma que se preserve y respete el medio ambiente y se busquen las condiciones esenciales para el bienestar, la arquitectura es una industria que nace y evoluciona con graves repercusiones en el ecosistema. La construcción implica un enorme uso de los recursos y una emisión igualmente importante de CO2 (dióxido de carbono), por no hablar de la carga que supone la demolición de las estructuras existentes en el lugar debido a la eliminación de enormes cantidades de escombros.
 
Adoptando un cambio de perspectiva que, dejando de lado el enfoque tradicional, tenga como objetivo último el de maximizar los recursos optimizando el metabolismo del producto arquitectónico, será posible diseñar de forma que la cantidad de material utilizado no aumente con el tiempo, al igual que la necesidad de transportarlo. Esta visión de diseño a largo plazo, que es sin duda uno de los motores fundamentales para lograr un cambio real, supone también la activación de una cadena, que parece ser muy amplia, representada por todos los actores, públicos y privados, que participan en el proceso de construcción. Coordinar toda la llamada «cadena de valor» no es ciertamente una tarea fácil. Se está intentando aplicarla gradualmente y el tiempo seguramente afinará las etapas y los pasos. Las técnicas de construcción innovadoras, la experimentación y el uso de materiales de extraordinario rendimiento están allanando este camino, que parece imprescindible recorrer.
 
Virginia Cucchi


Créditos:

Fotos:
Cover:  Circolarità, diagramma. Foto/Public Domain
01- 04: 'World Game', conosciuto anche come ‘World Peace Game’.1961. Buckminster Fuller.
05 : 'Cradle to Cradle', Circolarità, diagramma. Wiki/Public Domain 
06: Edward Howel, Foto/Unsplash 
07: Joshua Rawson Harris/Unsplash

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