13-01-2003

Sarah Wigglesworth y Jeremy Till
La casa de paja, Londres 2001

Londres,

Residencias, Oficinas,

Transgrediendo los cánones ordinarios en los que se basa la idea tradicional de edificio de viviendas típico de la cultura británica, Sarah Wigglesworth y Jeremy Till han llevado a cabo valientemente la construcción de su casa, en la que viven y trabajan, articulando la estructura y el funcionamiento de la misma sobre la base del empleo de técnicas completamente insólitas, para crear un sistema que opera en el máximo respeto de la naturaleza, aprovechando también las propiedades de materiales que son claramente pocos habituales en la construcción actual, como las balas de paja, consideradas generalmente como un material de deshecho en la agricultura



Sarah Wigglesworth y Jeremy Till<br>
La casa de paja, Londres 2001 El efecto conjunto que se tiene al observar estos muros que, dentro de sus posibilidades, contribuyen de forma importante para lograr el ahorro energético hacia el que parece orientarse la política de construcción inglesa, es el de un muro de piedras en seco, y el empleo del hormigón en forma de sacos recuerda la técnica de protección de las ventanas con sacos de arena que se disponían en las mismas durante las incursiones aéreas del período bélico, además de dar al bloque de oficinas el aspecto rugoso y acolchado de un tejido almohadillado.

El efecto conjunto que se tiene al observar estos muros que, dentro de sus posibilidades, contribuyen de forma importante para lograr el ahorro energético hacia el que parece orientarse la política de construcción inglesa, es el de un muro de piedras en seco, y el empleo del hormigón en forma de sacos recuerda la técnica de protección de las ventanas con sacos de arena que se disponían en las mismas durante las incursiones aéreas del período bélico, además de dar al bloque de oficinas el aspecto rugoso y acolchado de un tejido almohadillado.
La zona de la casa destinada a vivienda real y propia ha sido construida con un sistema basado en el empleo de la paja, según una tradición antiquísima, difundida también en Alemania, dónde existen casas de paja que se remontan a hace trescientos años.

La estructura de base está realizada con travesaños de madera verticales entre los que se han apilado las balas de paja, procedentes del Cotswold y que han costado en total 1250 libras esterlinas. Estas constituyen la materia de construcción de las paredes, y también el medio que permite el aislamiento de las mismas, en medida hasta tres veces superior los valores previstos por las normativas locales. Con este material se han evitado posteriores consumos energéticos y el montaje ha podido ser realizado por personal no especializado en tan sólo cuatro días.

Debajo de la casa se han situado dos depósitos de 3000 litros de capacidad cada uno, con la función de recoger el agua de la lluvia del techo de la oficina, uno para hacer funcionar los aseos de este último, y el otro para recoger el agua con la que se riegan las flores y las fresas plantadas sobre el techo de la vivienda. Siempre para limitar los gastos del consumo de agua se ha puesto a punto un aseo ecológico ventilado constantemente, en el que no se emplea agua y se crea progresivamente abono orgánico estéril e inodoro, mientras que mediante un panel solar se produce agua caliente y se reduce el consumo de gas.

También las temperaturas son reguladas en la casa con métodos completamente naturales y poco costosos: todos los componentes de la estructura tiene un fuerte aislamiento. En invierno, basta con una simple estufa de leña para calentar el ambiente, mientras que en los meses de verano la evaporación del agua que sirve a regar el verde sobre el techo refresca todo el edificio.

El interior de la "casa de paja" ha sido realizada partiendo de lo que es todavía el núcleo central de la misma, es decir, la mesa que la domina, y sobre todo la idea de recogida en torno a la misma para el almuerzo o la cena que ésta evoca, pero también la idea del desorden y de la confusión que caracterizan el final de la comida. En el fondo un cierto desorden domina en todo el edificio, que parece casi un desordenado contenedor de objetos extraños, pero en el que los tiempos de la cotidianidad pasan lentos y a la medida del hombre.

Rosy Strati

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