29-05-2020

Lo que nos han contado los arquitectos acerca de la pandemia de Covid-19

Medical Emergency Covid19,

Tres preguntas sobre la profesión en tiempos de Covid-19 a un grupo de veinte estudios de arquitectura repartidos por el mundo. Las conclusiones de una encuesta que nunca hubiéramos pensado hacer y que nos ofrece alguna que otra sorpresa.



Lo que nos han contado los arquitectos acerca de la pandemia de Covid-19

En los últimos dos meses nos hemos puesto en contacto con estudios de arquitectura, de todos los tamaños grandes, intermedios y más pequeños, con sedes en distintos países del mundo (desde Europa a EE.UU., pasando por India, México o Canadá), con experiencias profesionales muy diferentes. Hemos publicado las opiniones de Roland Baldi, BIG,Studio Botter, Studio Bressan, Dietrich UntertrifallerDumican Mosey Architects, Form4 Architecture, Roberto Forte, Khosla Associates, Lemay, Sergey Makhno, Mecanoo, MVRDV, Nature Humaine, Obicua, Red Arquitectos, SAOTA, Shatotto, Tectône y Giuseppe Tortato. Las preguntas eran las mismas para todos ellos, para poder hacernos una idea clara de la situación durante la pandemia de Covid-19. ¿Cómo ha afectado el confinamiento a las actividades de proyecto? Queremos saber cómo se ha organizado el estudio con el teletrabajo y en qué manera influirá esta nueva normalidad en las futuras decisiones profesionales. Ahora que hemos entrado en la Fase II de la pandemia, sacamos las conclusiones de este análisis y descubrimos formas de trabajo que hasta hace poco eran impensables, una nueva percepción del tiempo en el espacio compartido entre trabajo y familia, y sugerencias para esta Fase II y para el futuro más lejano.

Mecanoo, Países Bajos, EE.UU., Taiwán

Los primeros en darse cuenta de que la situación era arriesgada en las oficinas, en el transporte público y en los espacios de trabajo, fueron los estudios más grandes que tenían intereses en el extranjero y grandes obras internacionales de las que ocuparse. La normalidad que se basaba en una relación constante entre Occidente y China, con sus metrópolis en fortísima expansión y barrios enteros en proceso de recualificación, se vio inmediatamente alterada. Ya en el mes de enero, la necesidad de frenar el empuje del desarrollo hizo temblar y detener a aquellos que estaban llevando a cabo proyectos importantes, aunque fuera en ciudades alejadas de la región de Hubei. El primer impacto se reflejó en el transporte ya que todos tuvieron que reducir inmediatamente los viajes. Preguntas como ¿es un viaje absolutamente necesario? ¿tengo que ir a la fuerza, no puedo arreglármelas de otra forma? se convertirían tristemente en algo habitual en el contexto laboral de todos nosotros, también porque la consecuencia hubiera sido una cuarentena obligatoria de 2 semanas.
Y de repente el Covid-19 empezó a difundirse en Occidente y las preguntas pasaron a ser vitales, porque, cínicamente, ya no se trataba solo de la vida de otros, lejanos, sino de la nuestra, de nuestros colaboradores, amigos y familiares. Esclarecer la mole de información, decretos, disposiciones y reglamentos para nuestra salud se convirtió en la tarea cotidiana durante muchos días.
Con el progresivo cierre de las obras fueron los estudios más pequeños los primeros en sentir la crisis, y para algunos significó tener que reducir el horario de trabajo a sus colaboradores, aunque fuera de forma temporal. Muchos suspendieron sus actividades por completo o la limitaron al máximo, con consecuencias que aún no pueden calcularse.

Tectône, Francia

Los estudios más grandes resistieron mejor el embate, reorganizando sus programas. Para poder tener actualizados a todos los colaboradores las sociedades más estructuradas pusieron en marcha un equipo de trabajo de gestión de la crisis que se ocupaba también de mantener informados a los clientes sobre qué actividades se podían llevar a cabo y cómo. Muchos elaboraron manuales o secciones de preguntas frecuentes constantemente actualizadas sobre el comportamiento que se debía mantener. Algunos incluso se lanzaron a grabar videos cada semana que transmitían los mensajes de la dirección. Las sociedades con mayor sensibilidad y acostumbradas a razonar con un enfoque de equipo, pensaron también al nivel de relaciones informales, abriendo grupos de chat para charlar y estar de cháchara intrascendente como se haría en el momento del café delante de la máquina de la oficina. Todo lo que podía servir para que los compañeros se sintieran unidos y no desviar la atención de los objetivos del proyecto.

Sergey Makhno, Ucrania

Para los estudios con varias sedes por el mundo, conceptos como el trabajo a distancia, la proyectación en línea, el intercambio indirecto de competencias, o la creación de una comunidad virtual con la que debatir, ya eran realidades comprobadas y necesarias. Pero para la mayoría de los estudios más pequeños, y quizás con una sede única para todo el personal, ha sido la primera experiencia de fragmentación de las actividades laborales. Por este motivo algunos prefirieron, en una primera fase, experimentar el distanciamiento de las posiciones dentro de la oficina, para luego pasar al teletrabajo cuando incluso las obras tuvieron que detenerse.
Visto que las actividades de proyectación se podían llevar a cabo en soledad, en distintos ambientes y a distancia, las indicaciones de los estudios a sus colaboradores, unos antes y otros después, eran dar preferencia al teletrabajoy en general todos han demostrado gran espíritu de colaboración, organizando autónomamente y ayudados por el personal de la empresa, sus espacios en casa a tal fin. Entre las numerosas plataformas de conexión, intercambio de datos y mensajes a distancia, ya existentes o creadas específicamente, solo como curiosidad nos da la impresión que las más utilizadas hayan sido Skype, WhatsApp, Zoom y MS Teams para las videollamadas a cualquier nivel. El BIM 360, utilizado en los estudios internacionales más estructurados, ha supuesto una enorme ventaja para conectar equipos de trabajo, porque los datos de los proyectos estaban a disposición de todos los miembros en tiempo real en la nube. Y ya antes de la pandemia algunos gestionaban el flujo de proyecto con sistemas como Kanban o Scrum para compartir exhaustivamente ideas o apuntes.

Rafiq Azam (Shatotto), Bangladesh

En los días siguientes a la interrupción oficial de las actividades en las oficinas, los arquitectos pasaron por sus estudios a coger sus sillas de oficina que les permitieran trabajar más cómodamente, o las pantallas con mejores prestaciones de las que uno suele tener en casa, preparándose así a una larga temporada de trabajo desde la vivienda.
Ha resultado curioso ver cómo los creativos han adaptado el espacio a disposición en casa equipándose con los instrumentos fundamentales para la profesión hoy en día: una mesa de trabajo con los (pocos) accesorios para acceder a internet. Como las actividades de los arquitectos nunca estuvieron prohibidas por ley, incluso en fase de confinamiento, en muchos casos los estudios se equiparon para garantizar en plena seguridad el uso de plotter o el acceso al muestrario de materiales, mientras en general el archivo de los datos de proyecto se realiza en intranets de empresa, mediante conexiones privadas y protegidas que consienten el acceso a distancia. La difusa organización jerárquica de los estudios se replicó en el espacio virtual, donde los arquitectos principiantes siguieron manteniendo reuniones con sus jefes de proyecto en plataformas como Skype o Zoom, y ésos a su vez se reunían a continuación con el director o el fundador del estudio. Los apuntes digitalizados con la cámara del móvil o los rápidos bocetos en las tabletas se convirtieron así en los principales mensajes visuales que acompañaban las reuniones.
Resumiendo, hacia mediados de marzo los estudios de arquitectura que entrevistamos se habían organizado para teletrabajar, pero una vez confinados digerir la situación no era fácil. Desconcierto, enajenación, dificultad para concentrarse en un espacio familiar y acogedor que es nuestra casa, pero que no resulta idóneo para las tareas y procesos de una jornada laboral. Basta pensar en la limitación de los espacios y la conciliación con los de la familia, teniendo que contribuir a la enseñanza de los hijos, que a su vez se ven forzados a la didáctica a distancia. Hasta que sentarse por la mañana delante de una pantalla, o más bien dos o tres si se cuenta el móvil y la tableta además del ordenador, se convirtió en la nueva normalidad. Por supuesto, los remordimientos eran muchos, y las preocupaciones aún más. Durante muchos días del mes de abril, cuando todavía ni siquiera la comunidad científica podía describir la pandemia según parámetros precisos, en el mundo de la arquitectura nos preguntábamos cuándo iban a volver a abrirse las obras, así como en qué condiciones, y lo que era peor, si volverían a abrirse. La incertidumbre del futuro, la falta de información sobre el comportamiento de este virus a largo plazo, no solo bloqueó muchos encargos que a finales de febrero se estaban iniciando, sino que los congeló o eliminó definitivamente. En muchos estudios de tamaño intermedio o pequeño la carga de trabajo tuvo que ser redistribuida a la fuerza, y más o menos de forma voluntaria, fue necesario aplicar recortes al horario de trabajo y a los sueldos.

Emanuele Bressan (Studio Bressan-Botter), Italia

En estos meses les hemos pedido a los arquitectos que nos describieran lo que significa proyectar a distancia, no solo a distancia de la ubicación, sino también de las demás personas implicadas, ya fueran los clientes de la obra o los colaboradores del proyecto. Teniendo en cuenta que todos declararon que se han adaptado, dadas las circunstancias, la mayoría también expresó dudas sobre el proceso de trabajo, que era mucho menos estimulante si carecía de la experiencia concreta, que es la que garantiza las mejores ideas. Sin embargo, como tendencia opuesta, algunos de los jefes de proyecto entrevistados valorizaban el hecho de tener de repente más tiempo para dedicarse a profundizar en el proyecto, a estudiar y a analizar nuevas concepciones del espacio. Con la interrupción de los encargos, así como de las obras en realización, la alternativa la constituían los concursos, que abren caminos a largo plazo, los únicos posibles en tiempos de pandemia. Algunos han utilizado estos meses para volver a conectar con el fin original de la proyectación que es innata en el ser humano. Desde Extremo Oriente nos llegaban llamamientos a volver a dirigir nuestra mirada proyectual hacia la naturaleza y reparar su grave ausencia en la proyectación urbana. El tiempo para investigar, que normalmente es poco y precioso, se convirtió en una constante del día a día, y que según cada caso se desarrolló en actividades manuales, mediante bocetos y modelos, o a través del estudio y la concepción de nuevos objetos que surgen precisamente de las necesidades circunstanciales.
Ante preguntas sobre el futuro, en general los arquitectos se demostraron dispuestos a adoptar y poner en práctica las sugerencias que se manifestaron durante los días del miedo. Nos subrayan cómo ha vuelto a recuperar una importancia fundamental el tema de la vivienda en cuanto refugio saludable, acogedora y cómoda, pero también hasta qué punto falta el contacto con la naturaleza en nuestras ciudades.

Amaresh Anand (Khosla Associates), India

A la larga, esta experiencia nos ha recordado a todos lo vital de los contactos, del trabajo compartido y la interacción, de la necesidad de empatía, que difícilmente se logra a través de una pantalla, y hasta qué punto no da energía estar en presencia de los demás. Alguno ha vuelto a comparar al arquitecto con el artesano, subrayando su visceral relación con el emplazamiento del proyecto, la importancia de su diálogo con los trabajadores que construyen lo que él ideó, los componentes táctiles del escenario de una obra, como elementos imprescindibles.
Sin embargo, también hay buenas noticias. Por ejemplo, habernos afianzado en una modalidad de trabajo que podría evitar los desplazamientos que no son indispensables, ahorrando tiempo y dinero; o incluso consentir a los colaboradores que lo soliciten la posibilidad de trabajar saltuariamente a distancia desde casa, para estar más cerca de la familia y reducir el tiempo del día que se pasa en transporte. Si el temor a la pandemia comportará, por lo visto, un efecto benéfico en la calidad del aire, a lo mejor se convencerán incluso aquellas conciencias que se mantenían sordas ante las alarmas lanzadas por doquier sobre los temas del medioambiente.

Esto nos lleva a pensar que en el futuro se incrementará el gasto dedicado a las TIC y a los servicios, mientras se reducirán las inversiones en posiciones de trabajo en oficina, en alquiler y compra de espacios de trabajo y la deslocalización. Ha sido también interesante oír hablar de una vuelta a la cultura de la conversación: la necesidad de establecer reglas básicas para las video reuniones ha restablecido valores descuidados o olvidados como la puntualidad, la capacidad de no interrumpir y de permitir que otra persona termine de hablar antes de intervenir, el respeto de los tiempos de elaboración de los demás, una especie de disciplina del diálogo, un nuevo ritmo entre la exposición y la escucha, que será muy útil también en el futuro. Un nuevo (o quizás recuperado) modo de comunicar.

Mara Corradi


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