15-07-2020

MUJERES ARQUITECTAS

Women in Architecture ,

En lugar de derrumbar los muros de la institución, estamos entrando por la puerta principal”, Elizabeth Diller



<strong>MUJERES ARQUITECTAS</strong><br />

"Mujeres arquitectas" parece ser una frase inamovible.

El problema sobre que la figura femenina no ha sido reconocida en igual medida que sus pares masculinos en el mundo de la arquitectura se ha venido discutiendo ampliamente desde hace ya mucho tiempo y, aunque ha habido adelantos y mucho es lo que se ha conquistado, todavía hay mucho trabajo por hacer para ver alcanzada una condición que satisfaga a quien hasta ahora se ha visto apartada y marginada. Un artículo publicado en el Huffington Post en 2016 planteaba precisamente que una repartición más equilibrada de las responsabilidades y de las iniciativas en el contexto institucional fuese fundamental, puesto que beneficiaría y contribuiría a enriquecer el diálogo entre los dos géneros, además de que respondería a la indiscutible cuestión moral que aboga por la igualdad de derechos para todos los profesionales del sector. También en el campo científico se ha visto una especie de obstruccionismo similar y las mujeres han tenido que luchar mucho para que sus méritos fuesen reconocidos. Vivimos en una sociedad que desde siempre les ha impuesto tareas que las limitaban al contexto familiar y al cuidado de los hijos, mientras que el hombre participaba del mundo laboral. Les ha costado tanto liberarse de esta forma de estigmatización y, cuando han tratado de abrirse camino y de hacerse notar en ‘arenas’, históricamente masculinas, ignorando los límites impuestos por la tradición atávica, han sido muy criticadas y obstaculizadas.

Hay mujeres que han sufrido de tal manera estas y otras injusticias, que han decidido abandonar la profesión del arquitecto, aun amándola intensamente, porque no consiguieron la fuerza necesaria para reaccionar ante una realidad tan hostil y discriminante. Sophia Hayden, al ganar el concurso para la World’s Columbian Exposition se adjudicó la realización del The Woman's Building, pero la inmensa frustración que experimentó a causa de los innumerables atropellos sufridos, durante y después de concluir los dos años de la construcción, que sufrió una crisis nerviosa. Logró superar este difícil período, sin embargo, a causa de su debilidad, se confirmó lamentablemente lo que en esa época se pensaba sobre que la arquitectura no fuese apta para su género. Si las mujeres se hubiesen percatado y hubiesen sido más conscientes de los celos irrefrenables que con frecuencia despertaban sus habilidades, probablemente no se habrían dejado aplastar por ese mundo tan hostil y difícil, que no tenía razón de predominar, y que muchas veces las empujaba a abandonar sus deseos. 

Eileen Gray, muy apreciada y estimulada por Le Corbusier y por Jean Badovici, con quien mantuvo una relación durante algún tiempo, para que se interesara también en la arquitectura además de en el diseño de interiores, un sector en el que ya había obtenido mucho éxito habiendo logrado entrar en los ambientes elitistas de París, diseñó junto a su pareja, crítico y arquitecto, quien en realidad jugó un papel de muy poca relevancia, la famosa casa de playa en Roquebrune-Cap-Martin. El mobiliario estudiado con criterios de vanguardia incluía algunas de las piezas más icónicas de Eileen y también algunas de sus creaciones experimentales. Le Corbusier quedo tan impactado que en cierto modo podría decirse que estaba obsesionado. En una ocasión se hizo fotografiar desnudo delante de las 8 inmensas pinturas que realizó sobre las paredes blancas y vírgenes, con la evidente intención de violar su pureza y con una fuerte y denigrante alusión a la bisexualidad de Gray, que para ese entonces se había separado de Badovici y dejado la casa, y con este gesto sin lugar a dudas absurdo demostró muy clara, aunque emblemáticamente, su deseo de revancha por lo que habría deseado realizar él mismo. Lo lamentables es que Gray, aunque había crecido junto a un padre que siendo artista la había acostumbrado a una mentalidad abierta y anticonvencional, se hubiese sentido profundamente ofendida y hubiese abandonado poco a poco un mundo al que pertenecía por derecho.


También existen historias de éxito de pioneras que testimonian personalidades sumamente tenaces, personalidades que las han convertido en verdaderas leyendas. Muchas de ellas han dedicado toda una vida al logro de un ideal, dejando de lado su propia vida privada, y son muchos los ejemplos que nos hablan sobre reconocimientos negados, injusticias, incluso de la apropiación indebida de sus obras e ideas por parte de sus colegas, e incluso, a veces, de sus parejas. Sin embargo, han sabido demostrar, a pesar de los constantes y repudiables intentos de denigrarlas y de obstaculizarlas, ser capaces de realizar obras maravillosas.

Entre los numerosos casos, que vistos hoy nos escandalizan pero que en su momento pasaban prácticamente inadvertidos, me gustaría citar a una mujer que, quizás por la primera vez, generó admiración y respeto por los esfuerzos y méritos de su género, me refiero a Denise Scott Brown. Cuando en 1991 el Pritzker Prize fue otorgado a Robert Venturi, su esposo de toda la vida, la desaprobación fue general y se hizo pública a través de la gran cantidad de firmas recogidas solicitando que se rectificase la decisión. Era un deber, según el parecer de muchos, que el prestigioso reconocimiento fuese compartido con esta valiosa mujer, quien, entre sus innumerables méritos, además de haber influido en la nueva forma de ver el modernismo, había trabajado hombro con hombro en la redacción del texto sobre el diseño del siglo XX que se convirtió en marco de referencia fundamental para la arquitectura.
Este ‘icono del feminismo sin temores’, como ha sido certeramente definida, a causa de sus discusiones con colegas famosos, tales como Philip Johnson y el crítico e historiador Kenneth Frampton, se entregará para conseguir el éxito del estudio que fundara junto a su esposo, pero, al final, en una entrevista, se declarará muy desilusionada: “es difícil para ambos, pero en especial para mí, porque es como si me hubiesen anulado. Quien visita nuestra oficina tiene una visión tipo ‘túnel’ en dirección de Bob. Me ven como su asistente y no como una profesional con los papeles en regla ni, con toda seguridad, como una arquitecta. Habría que escribir un libro para explicar el porqué de este anatema. En la realidad yo realizo mi trabajo, poseo una identidad, y sobre todo, trabajamos juntos, cotejamos las ideas del uno con las del otro, de modo que es difícil separar nuestros aportes individuales”.


Prosiguiendo con el tema y hablando de una invisibilidad, en muchas ocasiones intencional y alimentada por los celos profesionales experimentados por quien temía el talento de una colaboradora, la lista de las víctimas es bastante extensa. Puedo mencionar, por ejemplo, a Marion Mahony Griffin, que, a pesar de haber trabajado durante 14 años junto a Frank Lloyd Wright, nunca tuvo el placer de ver reconocida su participación en el desarrollo del estilo Prairie y mucho menos su autoría en los dibujos con acuarela que siempre fueron considerados obra de Wright. Solamente con el pasar del tempo logró un reconocimiento de méritos al adjudicarse el diseño de la nueva capital australiana, Canberra. Medio siglo más tarde le tocará a Charlotte Perriand, graduada en diseño de muebles en París, sufrir un desplante realmente humillador precisamente de parte de quien más admiraba por sus reseñas críticas sobre arte decorativo. Le Corbusier en persona, cuando ella se presentó en su estudio buscando trabajo, pensando que podría ocuparse de la producción en serie y de las viviendas a bajo costo, le habría dicho, con la clara intención de negar el valor de su especialización: “aquí no se bordan cojines”. Solo después de haber alcanzado el éxito y de que sus trabajos fueron expuestos en el Salon d’Automne, este arquitecto se pondrá de nuevo en contacto con ella para ofrecerle un contrato y encargarla del sector de interiores y de la línea de creación de muebles. En el corto plazo de un año ya había realizado tres de las sillas más famosas que produjo este estudio. Su estilo, sumamente personal, supo combinar el costoso cromo con la madera, un material tradicional, mucho más económico, despertando un gran interés en Japón que la invitó y le propuso un cargo de verdadero prestigioso en el Ministerio de Comercio e Industria. También es este caso la herida que le había provocado la arrogancia de una actitud tan denigrante sanará y desaparecerá completamente gracias a los extraordinarios logros alcanzados. 

El ejemplo de estas y de muchas otras colegas, que han recorrido y sabido enfrentar con éxito un camino colmado de dificultades, debería servir a la nueva generación de jóvenes, infundiendo en ellas confianza en la posibilidad de obtener resultados y de sentirse orgullosas por ello. Con mucha frecuencia hemos visto que las mujeres no se han sentido dignas de merecer el éxito debido a su talento y duro trabajo, inculpándose y colocándose en una condición de inferioridad, sin juzgar objetivamente a quien, del lado masculino, ha conseguido el éxito no siempre fundado en la meritocracia verdadera sino en su habilidad estratégica de mostrase ante el público y de relacionarse."A las mujeres siempre se les dice: ‘no lo conseguirás, es muy difícil, no podrás lograrlo, no participes en esa competición, nunca ganarás’, pero necesitan confiar en sí mismas y en las personas que las rodean para que las ayuden a surgir”, ha dicho Zaha Hadid, quien desde siempre se ha sentido orgullosa de ser “una arquitecta, y no solamente una mujer en la arquitecturao”. Con su personalidad, fuerte y decidida, casi indomable, ha jugado un rol de vital importancia en el nacimiento en las mujeres de una conciencia que, quizás, no existía. Aun negándose a ser vista como un símbolo en un mundo que progresivamente se ha ido enriqueciendo con los aportes de las mujeres, Hadid ha demostrado estar por encima de los esquemas y cánones que contemplan a una figura profesional muy diferente desde el punto de vista del aspecto estético, del color de la piel y de las normas de comportamiento. Nunca se ha dejado influenciar por los comentarios, a veces poco amables, sobre ella y, sin reparar en quien la acusaba de ser demasiado seca y directa, ha alcanzado resultados y dejado testimonios difíciles de igualar, considerando que a la edad que tenía al momento de su fallecimiento son muy pocos los que han logrado destacar con tal resonancia. Volviendo a esa larga parte de la historia en la que a las figuras femeninas con mentalidad innovadora fue negada la posibilidad de expresar su visión revolucionaria y de realizar proyectos que habrían sido de vanguardia, vemos la tendencia a asignar tipos y categorías de edificios en base al género. Y aún hoy día se sigue observando la difusión de este estereotipo, alimentado por los medios y por cierta publicidad comercial, en el que al hombre ‘fuerte’ le corresponde por norma el diseño de construcciones que se imponen por su altura y por su potente impacto expresivo. Un estadio, una torre de 30 pisos, un hospital, generalmente se encargan a un hombre; una boutique de moda, los retoques en la casa de playa y de campo, a una mujer. Es como si la femineidad tuviera que reflejarse en la arquitectura con mayor delicadez y no con la fuerza expresiva que muchas veces hemos visto y que no necesariamente son una característica exclusiva del sexo masculino. Recientemente un colega, realmente impresionado con SESC Pompéia, el excelente trabajo realizado por Lina Bo Bardi, para elogiarla ha utilizado precisamente estas palabras: "Todo es tan increíblemente fuerte e impactante que casi resulta imposible pensar que haya sido realizado por una mujer”. Un cumplido que seguramente no pretendía eludir a una diferenciación en las cualidades de cada género, sino que refleja una determinada idea que se ha mantenido en el tiempo. Insistir en las argumentaciones, ya sean funcionales o lingüísticas, es inútil, más bien habría que llegar a una especie de acuerdo que contemple una colaboración sinérgica que permita a las partes, que participan equitativamente, converger para alcanzar una meta común. Los extremos que enfatizan las diferencias no deberían utilizarse siempre de modo polémico y negativo, más bien deberían considerarse como complementarios, frutos de recursos diferentes. 


El hiperfeminismo y el hipermachismo son extremos disfuncionales que solo generan aislamiento y soledad, y refuerzan situaciones lamentables y dolorosas. En cambio, sería importante valorizar e incentivar las diferencias, sobre todo en el entorno laboral donde, más que en el académico, resulta difícil aceptar el intercambio basado en la igualdad de roles. Una cooperación más heterogénea podría ofrecer ideas y motivaciones que no habían sido contempladas, caminos nuevos en el enfoque de los proyectos, proporcionando perspectivas frescas y así, un resultado final más acorde con un mundo en rápida evolución y fuertemente globalizado. No debería sentirse la necesidad de refirmar la propia personalidad y aptitudes en base al propio sexo, en cambio, habría que comportarse como dice Cini Boeri: “cuando diseño nunca pienso si soy una mujer o un hombre”. Este concepto se ve reforzado y se sintetiza inteligentemente en las palabras de Gae Aulenti: “yo soy una mujer y una arquitecta y no, en italiano no existe el femenino de "architetto", la palabra sería muy graciosa. ¿Usted qué diría: "architett-a" o "architettessa"?. El problema, de hecho, según yo creo, no consiste en cambiar la terminación de la palabra para adaptarla al género, sino en llegar al reconocimiento igualitario de dos componentes con las mismas capacidades y posibilidades de integrarse. Un mayor equilibrio, que diera un impulso diferente a la disciplina, promovería una concepción más completa y una norma casi imprescindible. Comparto plenamente la posición de Georgia O’Keeffe quien, como la artista femenina más famosa de su época, en 1976 se negó a exponer su trabajo en una muestra muy importante en Los Ángeles, ‘Mujeres Artistas: desde 1550 hasta 1950’, ya que se consideraba ‘uno de los mejores pintores’ de su tiempo y no quiso a ser vista desde una óptica exclusivamente femenina. Un orgullo que considero fundamental si se desea eliminar las diferencias que alimentan este triste conformismo anclado en el concepto de género.

La colaboración recíproca probablemente es difícil, pero hay mujeres que han dado ejemplo de contribución y enriquecimiento junto a sus parejas, habiendo recibido a su vez su apoyo y sostén. Se ha tratado de relaciones mucho más que amorosas, sanas desde el punto de vista profesional, en las que la mujer ha sido apreciada y considerada una socia activa, y no ha sido explotada como hemos visto suceder con frecuencia. Es innegable que hay cuestiones por resolver, que para la mujer resulta difícil conjugar la profesión con el rol de madre y esposa, sin embargo, quien escoge una carrera como esta, con la ambición de conseguir logros que dejen huella, debe tomar una decisión a conciencia, a sabiendas de que deberá hacer sacrificios y que no podrá pensar en horarios fijos ni contar con otras facilitaciones. La presencia de figuras femeninas a la cabeza de las grandes empresas tradicionalmente dominadas por la hegemonía masculina es cada vez mayor y sus méritos ampliamente reconocidos. Es realmente significativo que el Pritker Prize de este año haya sido ganado por la pareja que conforma el estudio Grafton, Yvonne Farrell y Shelley McNamara, y es igualmente significativo que haya sido entregado a ambas, certificando la importancia que, en el mundo laboral, cada vez más combativo y competitivo, reviste la complicidad y la solidaridad entre colegas. También es maravilloso que las motivaciones del premio se hayan centrado, además de en el valor de su trabajo, en la ética que han demostrado en la práctica, respetando y fomentando la cooperación con otros colegas. La capacidad de haber sabido implementar valores especialmente importantes y al mismo tiempo difíciles de proteger, como lo son el trabajo artesanal y la conexión cultural con cada lugar y entorno en el que han trabajado, es otro aspecto que ha sido resaltado y elogiado como un modelo digno de imitar.

Quisiera concluir citando las palabras de una mujer que considero especialmente talentosa e inteligente, Elizabeth Diller, quien, ante la pregunta de cómo se describiría, ha respondido que adoraba sentirse y ser "un artista y un arquitecto" sin tener que especificar que era mujer. Un ejemplo que enaltece el sentido de la libertad: no habiendo tenido nunca dudas sobre su posibilidad de acceder a todo lo que deseaba, se ha dedicado con gran tenacidad al logro de todo aquello que consideraba indispensable en el mundo de la arquitectura, para poder expresar un parecer crítico que llegase a un público lo más amplio posible. Tras conseguir el éxito y el poder, finalmente pudo alcanzar, junto al hombre con el que siempre había trabajado desde que estudiaba en la universidad, las arquitecturas rebeldes y con fuerte impacto que deseaba, arquitecturas que logran proporcionar experiencias no programadas, involucrando activamente a quien las vive. 


Virginia Cucchi

Sophia Hayden:
1-image: Sophia Bennett Hayden at MIT in 1888/source image MIT Museum/Wiki
2-image: Sophia Bennett Hayden at MIT in 1888/source image MIT Museum/Wiki

Eileen Gray: 
3-image: Portraits of Eileen Gray/source image Wiki 

Dennis Scott Brown: 
Archive: cover : photo of Denis Scott Brown by © Robert Venturi/ image courtesy of Lisbon Architecture Triennale
Archive: 14-image Denis Scott Brown/ Agriculture and Architecture: Taking the Country’s Side/ image courtesy of Lisbon Architecture Triennale

Charlotte Perriand:
4-image: Charlotte Perriand in Japen, 1954 /source image Charlotte Perriand/Wiki
5-image: Charlotte Perriand in the Studio ph Robert Doisneau/source image CC
6-image: Charlotte Perriand Exhibition image source from Knowtex/Flickr 

Marion Mahony Griffin: 
7-image: Portrait of Marion Mahony Griffin, 1915/source: National Library of Australia 

Lina Bo Bardi: 
Archive: 8- image: courtesy of Fondazione Maxxi (Exhibition: "Lina Bo Bardi in Italy/ What I wanted was to have History")
Archive: 9- image: Casa de Vidro, São Paulo, con Lina Bo Bardi, 1949-1951 © Arquivo ILBPMB, ( Exhbition: Lina Bo Bardi 100 - Brazil’s Alternative Path to Modernism, Pinakothek der Moderne)
Archive:10- image: courtesy of Fondazione Maxxi (Exhibition: "Lina Bo Bardi in Italy/ What I wanted was to have History")
Archive:11- image: courtesy of Fondazione Maxxi (Exhibition: "Lina Bo Bardi in Italy/ What I wanted was to have History")
Archive:12- image: Portrait of Lina Bo Bardi/ Courtesy of Design Museum Gent (Exhibition: Lina Bo Bardi - Giancarlo Palanti)
Archive:13- image: Portrait of Lina Bo Bardi/ Courtesy of Design Museum Gent (Exhibition: Lina Bo Bardi - Giancarlo Palanti)

Gae Aulenti: 
Archive:15- image: Portrait of Gae Aulenti/ Images courtesy of Archivio Gae Aulenti and Vitra Design Museum (Exhibition on going: Gae Aulenti: A Creative Universe)

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