22-06-2021

LA ARQUITECTURA Y EL CÓMIC 

Peter Cook, Peter Reyner Banham, Le Corbusier, Rem Koolhaas, Archigram, Hans Hollein,

Comics,

Warren Chalk, Frank Oscar King, Winsor McCay.,

A esos conformistas les interesa dejarte fuera del juego. Me molesta el utopismo. De esta forma es como si te metieran en una caja con la etiqueta “utópico”, Peter Cook



<strong>LA ARQUITECTURA Y EL CÓMIC </strong>
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La arquitectura siempre ha sido una disciplina esencialmente autónoma que no acoge con facilidad en su lenguaje expresivo otros medios narrativos relacionados con la experimentación. A menudo algunos arquitectos con dotes como diseñadores han sido menos apreciados de cuanto se habrían merecido, sobre todo por parte de sus contemporáneos. Con frecuencia muchos han tenido separado intencionalmente su virtuosismo de las formas canónicas de representación, explayando su talento en momentos de evasión y relajación.

Sin embargo, ha habido varios movimientos radicales que han puesto de manifiesto su contrariedad ante aquellas presentaciones que caracterizan la obra arquitectónica con un lenguaje estático, relegándola a un rígido aislamiento y privándola del dinamismo que le corresponde como organismo vivo y parte activa de la vida. El colectivo Archigram, por ejemplo, proclamaba sus intenciones ya a partir de su nombre, combinación de las palabras "ARCHItecture" y “teleGRAM”: comunicar con rapidez, concisión y fuerte impacto. Sus creaciones rebosantes de visiones fantásticas se basaban en un código gráfico inspirado en las portadas de Marvel Comics y en el estilo del Pop Art. Querían redefinir la arquitectura, traduciendo al diseño bidimensional sobre papel un espacio hipotético que imaginaban “si los planificadores, los gobiernos y los arquitectos fueran capaces mágicamente de descartar los impedimentos mentales de la era anterior y aceptar las nuevas tecnologías desarrolladas y su potencial”. Sin duda se sentían complacidos pensando en los efectos que habría provocado el uso audaz y decididamente provocador del medio que habían elegido, como admitirá Peter Cook en una entrevista:”Nos gustaba la idea de que el préstamo del mundo del cómic habría impresionado al arquitecto normal. “Deberías hacer lo correcto, deberías ser políticamente correcto, deberías diseñar en un cierto modo.” ¡Nos parecía mortificante!” Y solíamos decir, “esto les va a impresionar”. También usaban collages con figuritas, sobre todo mujeres, recortadas de las revistas y pegadas en primer plano, sin la típica función de proporcionar la escala, sino dejando atisbar los edificios al fondo como única referencia de las actividades.
  Fue un crítico el que consagró la fuerza catalizadora del insólito lenguaje adoptado por el grupo rebelde. Peter Reyner Banham, refiriéndose en particular a “Space Probe!”, la obra realizada por Warren Chalk para la revista ‘Amazing Archigram 4 / Zoom’, contribuirá a su éxito y a darles a conocer a nivel internacional con estas palabras: “Si el paisaje cae por debajo de los niveles de una aburrida alfabetización y de una ortografía pedantemente precisa... el uso de imágenes posee un conocimiento exacto que supera la retórica convencional de las revistas de arquitectura de la época, da un rodeo a los normales mecanismos de defensa verbal del lector, por lo que ha generado un cambio de sensibilidad neto”. Los Archigram naturalmente deseaban imponerse en el mundo por la forma de pensar con la que habían decidido presentare la arquitectura y no solo por un estilo, pero el uso audaz del cómic provocó una resonancia que perdura hoy en día, y sobre todo supo renovar el interés por el género, reivindicando su valor como interlocutor cultural. Cook recuerda a propósito de esto un comentario de Nick Grimshaw, un alumno suyo de entonces, que demuestra la sensación que suscitó la publicación de “Plug-in City” en el suplemento a color del ‘Sunday Times’: ”Todos vimos ese disparate en el periódico y pensamos: ”¿quién demonios es este loco que nos da clase?” pero algunos empezaron a aceptar este tipo de cosas y hasta a realizarlas”.
  También los proyectos se presentaban de forma análoga y Cook afirma que su reacción, digamos bastante revolucionaria, había sido perfectamente comprendida por muchos, y hasta emulada en modos naturalmente distintos. Lo irritante, que contrarrestaba la satisfacción de sentirse seguros “de que estaban construyendo algo que se apartaba del camino principal”, provendrá “de esos conformistas a los que les interesa dejarte fuera del juego. De esta forma es como si te metieran en una caja con la etiqueta ‘utópico’’’. Un mecanismo que a menudo se ha utilizado para liquidar a los que van contra corriente y resultan incómodos.
Sus visiones, inspiradas en novelas de ciencia ficción y libros de cómics, un tipo de comunicación más de masa, buscaban la participación activa del lector y se comprometían a responder mejor a las exigencias de las personas, beneficiarios finales y que suelen quedar excluidos del proceso de elaboración del proyecto. Supieron provocar una discusión sobre los principios y parámetros que hacía falta refrescar o volver a elaborar con nuevas perspectivas.
 


Little Nemo in Slumberland’, Winsor McCay.1908. Wiki/Public Domain 


A propósito de los intentos realizados para combatir la difundida ortodoxia disciplinaria, hay que recordar sin duda la fuerza subversiva de las prácticas experimentales de los grupos radicales austríacos y vieneses en concreto. Con la contribución aportada por la cultura de los medios de comunicación, y especialmente del fotomontaje y los collages buscaban demostrar un enfoque diferente y declarar la ruptura y el rechazo frente al conformismo y el reduccionismo modernista. Éste con su rigido enunciado forma / función renegaba de lo orgánico y mortificaba la creatividad, relegando la arquitectura a un nivel de retraso respecto a las demás artes. Hans Hollein, anulando los límites entre los diferentes ámbitos y reivindicando una "arquitectura absoluta y libre”, proclamará: “las definiciones limitadas y tradicionales de la arquitectura y de sus medios han perdido gran parte de su validez en la actualidad. Nuestro esfuerzo se centra en el ambiente en su totalidad y en todos los medios que lo determinan. La televisión y la climatización, los transportes y la ropa, el teléfono y la vivienda. La extensión del ámbito humano y de los medios que componen el ambiente va mucho más allá de la construcción. Hoy prácticamente todo puede ser arquitectura”. ‘Todo es Arquitectura’ será el manifiesto de un movimiento que se decantará por la experimentación en el campo de las artes visuales. En los diseños y en los fotomontajes de Raimund Abraham, Hans Hollein y Walter Pichler, se introducen a menudo elementos naturales, un modo para afirmar, contra la esterilidad artificial de la ciudad funcionalista, la posibilidad de incorporar contaminaciones y de que coexistan el paisaje natural y el tecnológico, insinuando probablemente también una preocupación respecto a los problemas medioambientales que ya se empezaban a manifestar en aquellos años, y que el radicalismo de Archigram no contemplaba en su proyección hacia un futuro hipertecnológico.

La primera vez a instaurarse una especie de polinización cruzada entre el lenguaje arquitectónico y las tiras del cómic se remonta quizás a 1905, cuando aparece en el ‘New York Herald’ ‘Little Nemo in Slumberland’, que a continuación cambió de nombre a ‘In the Land of Wonderful Dreams’, una serie muy famosa, surgida de la fantasía detalladísima del prolífico historietista americano Winsor McCay. El artista con enorme talento narrativo y visual nos hace partícipes de las extraordinarias incursiones nocturnas en el fantástico mundo onírico de su pequeño personaje, y lo hace rompiendo con la rígida estructura tradicional. Las viñetas se detienen en la elegante calidad gráfica de escenografías de estilo liberty que se suceden siempre distintas y sorprendentemente caleidoscópicas en sus propuestas urbanas: los vuelos de Little Nemo tienen lugar entre los edificios de Chicago, Manhattan y el reino de fábula del Rey Morpheus se inspira en los edificios de estuco blanco de la Exposición Mundial Colombina de 1893. Se intersecan la dimensión temporal y la espacial, con el resultado de una animación precursora. Tiras compuestas con absoluta libertad expresiva siguen la evolución incontrolable del sueño, alternan tamaños y disposición, creciendo y reduciéndose dependiendo de la situación que se está viviendo y utilizan la contraposición de colores para crear divergencias irracionales propias de la experiencia que la mente vive en ese estado particular. El ritmo se controla mediante la variación o la repetición, buscando efectos especiales y sensaciones emotivas, anticipando el dinamismo cinematográfico con sus típicas invenciones, como el trávelin y los movimientos de la filmadora. Efectivamente habrá que esperar décadas para que Sergei Eisenstein llegue con sus tentativos al montaje de la película. Una gran riqueza de detalles animan las surreales y magníficas ciudades futuristas que sirven de ambientación.
 


Little Nemo in Slumberland’, Winsor McCay.1908. Wiki/Public Domain 


La búsqueda de una continuidad en tiempo real y la representación arquitectónica en sus mínimos detalles serán también características de otro contemporáneo americano, Frank Oscar King, que en su conocidísimo ‘Gasoline Alley’, narra aventuras de amigos y parientes que el domingo se encontraban en los callejones traseros de sus casas para arreglar sus coches. Una vista aérea, con una perspectiva casi isométrica, descompuesta, ‘atomizada’ en varios paneles ocupa una página entera, abarcando sucesos de varios personajes del barrio que se alternan con protagonistas fijos, ofreciendo casi simultáneamente momentos distintos de una comedia en su desenvolvimiento. La fuerza icónica de las imágenes creadas por la mano de artistas de formaciones dispares se adaptará a esta corriente, logrando interpretar y transfigurar la realidad con una mezcla explosiva de secuencias fluidas y capturas simultáneas. Abandonada la precisión fotográfica del diseño lineal, el público presenciará representaciones espacio-temporales en las que se sentirá cada vez más implicado. Esta capacidad de transmitir visualmente el movimiento está en línea con la tendencia de estas últimas décadas durante las que muchos arquitectos, mostrando interés por tecnologías y estrategias comunicativas, han introducido el tiempo en sus proyectos, narrados siguiendo un trayecto evolutivo.

Gasoline Alley’, Frank Oscar King. 1907. Wiki/Public Domain 


Volviendo al intercambio entre arquitectura y cómic, hay quien dice que el uso de un guion gráfico de tipo historieta empezó con Le Corbusier y su ‘Lettre a Madame Meyer’, 1925, con la que comunica algunos conceptos sobre la futura proyectación de aquella villa, que no se construirá jamás, mediante una serie progresiva de ilustraciones e indicaciones a pie de página. Le Corbusier había leído de pequeño un libro de viajes ilustrado con dibujos de Rodolphe Töpffer, considerado como el padre suizo del cómic moderno, y le había fascinado tanto que le dedicó un artículo, el primero en absoluto sobre este género artístico, que se publicó en una revista académica de arquitectura. Pero fue una referencia bastante aislada y aún pasarán varias décadas hasta que ‘Amazing Archigram’, en cierto sentido como un eco de la escena británica que veía la revitalización del cómic, tenga un papel influyente en el mundo arquitectónico.
 
Las sugestiones divertidas y provocadoras del grupo vanguardista, con sus invenciones móviles, cápsulas de supervivencia y alusiones a una posible vida en el espacio, junto con las hermosas ilustraciones de ciencia ficción del período, obviamente no dejaron indiferente el imaginario de un arquitecto que en cierto sentido se convertirá en una de las figuras de referencia internacional de la arquitectura high-tech, que hará de las tecnologías y los materiales más recientes las virtudes de su obra. Norman Foster, alumno de Paul Rudolph en Yale y al principio de su carrera colaborador de Buckminster Fuller para varias creaciones, actualmente dedicado a la construcción de ciudades enteras y a la proyectación de estructuras lunares, encontrará las soluciones con que plasmar sus ambiciones radicales encomendándose a aquellos historietistas e ilustradores que tanto lo habían emocionado durante su juventud, sin desdeñar transmitir mensajes relacionados con los edificios enmarcados en pequeñas nubes de humo. Dedicará siempre, a lo largo de los años, notas de admiración a artistas que se dedicarán a formas de comunicación y tipos de visualización innovadores, como lo hizo con el joven Giacomo Costa. Contribuirá con su aporte a iniciativas para apoyar nuevos lenguajes visuales pertenecientes al ‘noveno arte’ usados en colaboración con la arquitectura y para su difusión. Escribirá el prólogo para el libro de acuarelas de Agustín Ferrer Casas, ‘Mies, la reciente novela gráfica, que ilustra la vida y la obra de Mies van der Rohe, desde sus inicios en Berlín en el Bauhaus hasta su traslado a Chicago.
Otras firmas destacadas, comprometidas con sofisticadas agendas sociales e intelectuales, se concederán divertirse aportando una bocanada de aire fresco en la escena profesional. Entre ellos Rem Koolhaas, con el papel que siempre le ha encantado personificar, de desafío frente a los paradigmas consolidados y de reformador, recurre a estos espacios de libertad utilizando repetidamente lenguajes más desenvueltos para comunicar ciertas interpretaciones anti-ideológicas del contexto urbano y presentar sus obras con un estilo más personal y más directo, con la intención de llegar a un público más amplio y diversificado. Ha recurrido a los típicos bocetos gráficos para propuestas como Euralille 80 y Parc de la Villette en París, motivando su elección como más adecuada para que la gente la comprenda que cualquier descripción técnica y abstracta. Con una perspectiva distinta en varias partes de su ’S,M,L,XL’ se ha utilizado el recurso del fresco género gráfico y en ‘Delirious New York’, hasta podemos asistir a la representación de un adulterio entre rascacielos. También Jean Nouvel, en ocasión de una exposición retrospectiva, se puso en manos de tres dibujantes para ilustrar proyectos no realizados. Y hasta hay quien, como Bjarke Ingels decidió presentar su ‘manifiesto cultural popular’ no con la típica monografía sino con la desenvuelta capacidad de marketing y el dinamismo brioso del formato cómic, con didascalias y bocadillos.‘Yes Is More’, proclama el programa del estudio, abierto a múltiples sinergias diferentes, y contrario a experiencias programáticas basadas en esquemas repetitivos obsoletos. El título resume en el juego de palabras la irreverencia frente al excesivo formalismo, acentuado por la portada que evoca el estilo del artista Frank Miller para la serie ‘Sin City.
 

Virginia Cucchi


Credits:

Cover, 10: ‘Amazing Archigram 4 / Zoom', Archivi/'Arkitekturstriper: Architecture in comic-strip form', 2016, Courtesy of The National Museum – Architecture.
01: Plug-in City. Archigram, Peter Cook/via Archigram Archivi
02: Archigram's Collages, Architectural Design. 1969 / Archivi
03: Archigram, Walking City / Archivi
04-08:  Little Nemo in Slumberland’, Winsor McCay. 1907. Wiki/Public Domain 
09: ‘Gasoline Alley’, Frank Oscar King. 1907. Wiki/Public Domain
11: Book cover of 'Delirious New York, Rem Koolhaas

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