Arquitectura de interiores: ¿una cuestión de gusto?

26-08-2011
La arquitectura de interiores es la disciplina proyectiva que más se acerca a la noción de gusto, expresando en su conjunto los aspectos y las contradicciones de la contemporaneidad.

El gusto en la arquitectura de interiores se define por el conjunto de relaciones que logran establecer los espacios y las cosas. Una noción muy clara para quien se ocupa de arquitectura de interiores, de hecho cuando se elabora un proyecto de interior son dos los componentes principales con las que nos enfrentamos: el espacio y los objetos que lo hacen utilizable. La arquitectura de interiores, naturalmente, implica a muchas más partes del proyecto, pero en este caso el acento se pone intencionadamente sobre la relación que se establece entre el espacio y las cosas.

El espacio se define por la presencia de algunos límites, paredes o signos gráficos, horizontales o verticales, barreras físicas o perceptivas que hacen que se identifique el área en el que nos encontramos inmersos. Un aspecto dado casi por descontado por los proyectistas, pero que todavía es de difícil comprensión para la mayoría, ya que el espacio habitativo es el efecto que se logra obtener mediante la construcción de barreras capaces de expresar el carácter de un lugar. Ésta es una operación que es interpretada subjetivamente mediante las diversas elecciones compositivas.

Existen en realidad muchas teorías sobre la proyectación de los espacios interiores, piénsese tanto en las experiencias arquitectónicas que decostruyen el espacio para hacerlo fluido, como en las que mediante un uso calibrado de los límites geometrizan los ambientes; por citar los dos extremos. Razonando por opuestos, por tanto, tendremos por un lado una percepción ligada a la maravilla de la novedad, por el otro la amenidad de la orientación .

Sobre estas dos aproximaciones se juega además el reconocimiento histórico o anti-histórico de los espacios habitativos. Sin alinearse a favor de la una o de la otra, la particularidad interesante de analizar en este caso está en la relación que se crea entre la historia o la anti-historia y el lugar. Los espacios fluidos, deconstruidos y autorreferenciales, niegan el contexto al que han bajado para mostrarlo a través de la diferencia, poniéndose a favor de la anti-historia, mientras que los geométricos de orientación y plurireferenciales, engloban el lugar para hacerlo que se perciba mediante perspectivas programadas, declaran su continuidad histórica. Se hace evidente, por tanto, que la predilección teórica que se encuentra en la base de un proyecto de ambientación de interiores implica no sólo a la edificación, sino también al contexto en el que está integrada, expresando en esta relación una elección ligada a la noción de gusto y a su posición respecto a la historia.

Bajando de escala se llega al mundo de los objetos, elementos muebles o semi-muebles que completan los interiores para hacerlos confortables. Estos elementos llegan a los lugares a habitar ya llenos de una estética suya, como de sus significados relacionales, cargados de un gusto ligado a la industria que los ha producido y al diseñador que los ha pensado. Las arquitecturas de interiores se deben completar en cualquier caso con tales objetos para ser disfrutables, de hecho no podríamos tener un hall sin apoyos y revestimientos o un espacio público sin cuerpos iluminantes y asientos, para entendernos; por tanto a los espacios pensados por los proyectistas deben añadírseles los objetos de uso proyectados por los diseñadores. Ambos poseen un lleno de gusto que tiene que ser amalgamado, puesto en relación.

Es sobre esta unión en la que se basa, en conclusión, una de las reglas fundamentales que califican a la arquitectura de interiores: el gusto viene manifestado por el conjunto de las relaciones que se establecen entre las sensibilidades pertenecientes al proyecto de las cosas y las pertenecientes a los espacios. Mediante dicho compromiso esta disciplina logra expresarse a sí misma.

Paolo Schianchi