29-06-2018

Pezo von Ellrichshausen: Casa Loba en Tomé, Chile

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Como si fuera un acantilado que han ido puliendo las olas, la casa Loba de Mauricio Pezo y Sofia von Ellrichshausen se asoma al océano Pacifico. Con la casa Loba, en Tomé, Chile, Pezo von Ellrichshausen fuerzan las proporciones del espacio para ofrecer otro episodio de arquitectura enigmática en un ambiente salvaje.



Pezo von Ellrichshausen: Casa Loba en Tomé, Chile
Como todas las obras del dúo Pezo von Ellrichshausen, la descripción de la Casa Loba situada en Tomé, Chile, empieza por su contexto salvaje, inhabitado, libre de convenciones y comparaciones con nada construido. Ya se trate de lenguas de tierra entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico, o de las de la laguna de Llacolén, en San Pedro de la Paz, o de los terrenos rocosos cubiertos de vegetación en la comarca española del Matarraña, las obras de arquitectura de Mauricio Pezo y Sofia von Ellrichshausen deciden erigirse en entornos absolutos, donde el hombre se construye un cobijo en el que refugiarse y contemplar lo que le rodea, sin que queden dudas sobre el equilibrio de fuerzas que se genera.
En este caso nos encontramos sobre unos acantilados frente a una reserva de leones marinos en el océano Pacífico. Las fotografías realizadas por los propios arquitectos ilustran un silencio absoluto y la ausencia total de convenciones. Y aparece una construcción que se asoma a la costa como si fuera un peñasco más: los colores del cemento en bruto replican los de la roca, y su forma geométrica recuerda un bloque lapídeo esculpido por la acción del agua. 
La huella del paso del hombre por el sitio es mínima, porque las características formales de la construcción no siguen las exigencias de ergonomía y comodidad que uno se espera de una casa. La Casa Loba, como todas las casas de esta pareja de arquitectos chilenos, entra en contacto con el medioambiente natural estableciendo un diálogo que se mantiene con todas las consecuencias. Las funciones habituales de una vivienda pasan a un segundo lugar y son de escasa importancia en comparación con aquella.
Por este motivo, el edificio consta de una planta rectangular angosta, larga y alta, que avanza hacia el mar asentándose en el escarpado terreno en sentido perpendicular respecto a la topografía. “Un muro habitado” la llaman los proyectistas, subrayando las proporciones insólitas del espacio construido. Al entrar se descubre que este “muro” se desarrolla de forma escalonada, es decir, los niveles se amoldan a la inclinación del terreno aprovechándola, dando forma a un espacio único en el que no existen barreras verticales. Toma como referencia en cuanto a tipología la “escalera”. La casa Loba è una gran escalera con seis escalones, con secuencias de dos escalones de servicio que facilitan el cambio de cota. 
Con este proyecto Mauricio Pezo y Sofia von Ellrichshausen parecen preguntarse si una escalera es una parte inherente a la construcción o si en cambio es un objeto por sí mismo. Se diría que una escalera fuera un elemento fijo, vinculado a la obra arquitectónica, pero también es un instrumento para la habitabilidad, que por lo tanto forma parte de un universo que es accesorio y complementario al arquitectónico. Los arquitectos toman el objeto escalera y le dan proporciones de edificio. Y precisamente en esto reside la sensación de maravilla que provoca en aquellos que observan la obra. Como la Alicia de Lewis Carroll que al caer por la madriguera del conejo blanco ve espacios y objetos que le son familiares solo que en una escala invertida, también aquí en la casa Loba es como si fuéramos pequeños mientras el espacio en el que nos movemos parece exageradamente grande.
La perspectiva que abarca todo el espacio en altura y longitud está interrumpida por tres columnas macizas y dos puentes. Las camas están colocadas en las plataformas superiores, donde el techo es más bajo, mientras que los sofás y las mesas ocupan los espacios de las plataformas inferiores, en la zona de doble altura. En el cemento se han realizado hornacinas portaobjetos para las cosas de primera necesidad, y el acceso a la planta de arriba y al tejado se realiza mediante una banal escalera de mano. Las funciones básicas de la cotidianidad están aseguradas, pero claramente casa Loba no ha sido pensada para una forma de vida convencional. Así lo declaran manifiestamente las aberturas acristaladas: en los lados norte y sur del “muro” pocas para iluminar de forma adecuada un espacio tan extendido en longitud, aunque están integradas con claraboyas circulares y semicirculares, que representan un alternarse de resquicios sorprendentes hacia el exterior. 
Los distintos niveles de los espacios y la presencia de tres pilares macizos y voluminosos y de dos puentes que suspendidos en lo alto atraviesan el vacío interior, crean la distinción entre las funciones. Los espacios no están por lo tanto separados por paredes, sino que se pueden percibir en todo momento en su conjunto, aunque la geometría con la que están distribuidos nos permite apreciar la distribución. El concepto de la Casa Solo Pezo, de los mismos arquitectos, en la que el anillo perimetral donde estaban colocados los dormitorios actuaba también de pasillo de distribución, aquí está llevado al extremo al coincidir las habitaciones y el espacio de circulación, que son una única cosa. 
Como ya habíamos escrito en referencia a Casa Rode en estos lugares se respira una sensación de espiritualidad. Son puros refugios del ambiente natural, espacios primordiales como las cavernas, que no interponen protecciones entre el hombre y el paisaje, sino que ofrecen un punto de vista concreto, y en parte reparado, del mundo. La decoración no está contemplada, el espacio es abstracto, exactamente tal y como lo representan los diseños de los arquitectos, como si fuera un ejercicio de geometría, donde el uso del color puro y primario es un viaje a la propia infancia. Diseños donde la tridimensionalidad la aporta el color y una serie de sombreados de colores crean una ilusión sobre la composición real del espacio.
Para terminar, algo que siempre está presente en las obras de Mauricio Pezo y Sofia von Ellrichshausen es la idea de la arquitectura como mirador: en este caso la cubierta se convierte en una terraza mirador sin ningún tipo de barreras ante el despeñadero. Y si no fuera suficiente se puede seguir subiendo, otros tres escalones, para sentirse como de puntillas, completamente aislados, absortos en la contemplación del paisaje. 

Mara Corradi

Architects: Mauricio Pezo, Sofia von Ellrichshausen
Project name: Loba house
Location: Coliumo Peninsula, Tome, VIII Region, Chile
Client: Marcelo Sanchez, Janis Hananias
Collaborators: Diego Perez, Thomas Sommerauer, Teresa Freire, Beatrice Pedroti, Wiktor Gago
Builder: Carvajal & Cabrer
Structure: Peter Dechent
Consultants: Marcelo Valenzuela, Daniel Garrido
Plot surface: 1.000 sqm
Built surface: 70 sqm
Design date: 2016
Construction date: 2017
Photography: © Pezo von Ellrichshausen

GALLERY


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