Buenos días Manuelle Gautrand. Deseo ante todo darle las gracias por habernos recibido aquí, en su estudio de París. Usted trabaja como arquitecto desde 1985, ¿cómo ha cambiado su aproximación a la arquitectura en las últimas dos décadas?
Manuelle Gautrand: Cuando comencé, hace veinte años, era muy joven y, cuanto más hago arquitectura, más cambia mi visión, este es así porque adquiero cada vez más experiencia. Las últimas dos décadas han sido ricas en diversos tipos de historias, con diferentes tipos de proyectos y de clientes. Algunos de los cuales pueden durar 5 ó 6 años y, por consiguiente, se modifican en el tiempo. Por tanto todo es siempre diferente. En estos veinte años, he adquirido mucha experiencia tratando siempre de experimentar algo nuevo en cada proyecto. A veces aspiro a algo más “ambicioso", según el cliente. Sucede también que te vas haciendo más ansiosa cuando los contratos y los objetivos son más ambiciosos. Veinte años pueden ser un período breve pero también muy largo. Se puede trabajar en diez o veinte proyectos y cada uno de ellos te aporta nuevas experiencia y un mayor enriquecimiento.
El escenario arquitectónico en Francia brinda muchas oportunidades de experimentar arquitecturas no convencionales gracias también a un sistema de concursos considerado un modelo en Europa. ¿Qué piensa de ello?
Manuelle Gautrand: Me agrada mucho escucharlo. Si bien no es fácil hacer una comparación, tengo que admitir que para mí los concursos han sido muy importantes. Al principio no tenía contactos y, por tanto, los concursos constituían la única forma de conseguir encargos. Estoy de acuerdo sobre el hecho de que el sistema de concursos francés es muy accesible para los jóvenes arquitectos; les brinda excelentes ocasiones de conseguir encargos y de iniciar su carrera laboral. Sin embargo, las metodologías no son siempre muy claras y es difícil ser seleccionado, en particular si se es un joven arquitecto. Pero, naturalmente, una vez seleccionados se tiene realmente la ocasión de ganara si el proyecto es válido. En otros países europeos, donde no hay selecciones y los concursos son abiertos a todos, puede resultar más fácil para los jóvenes arquitectos proponer nuevos proyectos.
En el 2007 construyó el edificio C42, el nuevo showroom de Citröen en los Campos Elíseos, que puede ser considerado como una perfecta transposición arquitectónica de una marca conocida en todo el mundo. ¿En qué basó su proyecto?
Manuelle Gautrand: Las bases fueron múltiples. Al principio, cuando participé en el concurso, no tenía mucha familiaridad con los coches, decidí por tanto hacer alguna búsqueda sobre la historia de Citröen. Descubrí un mundo fascinante, los diseñadores y el modo en que inventan los concept car y muchísimas otras cosas sobre los coches. No trabajan sólo sobre la forma, sino sobre una visión muy precisa de la sociedad. Cuando crean un prototipo, unen diferentes características de nuestra sociedad a la investigación sobre los materiales y temas diferentes. Traté de ser tan ambiciosa como ellos inspirándome en su forma grandiosa de realizar los coches: quería que el edificio reflejara fielmente estas intenciones. Otra fuente de inspiración fueron los cochecitos de juguete y la idea de los niños que juegan con los cochecitos y los garajes de juguete. Quería conferirle al C42 un espíritu ligado a los juegos. En un cierto modo, deseaba crear un lugar mágico y agradable, porque los coches Citröen no son nerviosos como los de otras casas automovilísticas. Trabajan mucho en el confort y en la agradabilidad. Deseaba, por tanto, utilizar estos aspectos de comodidad y de agrado uniéndolos con espíritu mágico de los juegos infantiles. Además, quería expresar la marca utilizando su logo, el doble diente de engranaje en forma de V, que he integrado directamente en la fachada jugando con el tema del doble rombo en toda su extensión. La fachada es, por tanto, una especie de envoltura totalmente curvada, con el logo diseñado perfectamente en la parte baja del edificio, cerca de la acera y además expreso en maneras diferentes a medida que se sube hacia el otro. Esta ha sido una de las ideas principales, incluir el logo en el proyecto arquitectónico y jugar con él. En el interior del edificio, como en un juego, decidí crear una especie de escultura: es un inmenso árbol rojo, un gran expositor situado justo en el centro del edificio. Ocupa muchísimo espacio. Los visitantes dan vueltas a su alrededor recorriendo escaleras o pasarelas, a veces pasos muy estrechos, porque deseaba que los coches fueran los protagonista y que las personas tuvieran la impresión de estar entre los coches. El gran árbol expone ocho coches, que están realmente en el centro de la escena, como en una instalación monumental.
... el resultado es un edificio muy complejo: ¿qué papel han tenido la tecnología y los materiales?
Manuelle Gautrand: El proyecto realmente ha sido complejo porque el espacio era realmente muy limitado. Queríamos utilizar todo el volumen a disposición y dedicar cada metro cuadrado al público y a los coches, no a los aspectos técnicos. Esto ha complicado el proyecto porque teníamos que camuflar cada centímetro de tecnología, las instalaciones mecánicas y técnicas, para dar al público la sensación de que no había nada detrás. Los espacios son esenciales, con mucho blanco. Fue difícil esconder la tecnología. Otro aspecto crítico fue la envoltura, para la cual hemos utilizado una "resille" o retículo hecho de cristal y perfiles metálicos. De hecho, esta envoltura es estructural ya que mantiene junto el edificio y lo hace independiente de los otros colindantes en los Campos Elíseos.
Está trabajando actualmente en otro showroom que también es un espacio recreativo en El Cairo, ¿cuáles son las principales diferencias entre estos dos proyectos? ¿...y trabajar en dos ciudades tan diferentes?
Manuelle Gautrand: El proyecto de El Cairo es completamente diferente y esto es lo bonito de nuestro trabajo. Cada proyecto es diferente. Tengo que decir que, al principio, el proyecto de El Cairo debía ser también un showroom dedicado a los coches, pero después se ha convertido en otra cosa. En primer lugar porque la ciudad es totalmente diferente, así como el cliente, un empresario que trabaja con diversas marcas de coche. El edificio no está dedicado, por tanto, a una única casa automovilística, sino a diez o doce. Esta es la primera diferencia, porque no es posible pensar en un edificio dedicado a una única marca, sino que tiene que ser más flexible. Después de haber visto los primeros bosquejos y modelos, el cliente estaba entusiasmado, pero a medida que el proyecto se desarrollaba quería añadir siempre nuevas ideas. Ahora por tanto no se trataba ya solo de un showroom, sino de un espacio dedicado también a otras actividades comerciales. Habrá un restaurante, cines y algunas tiendas de lujo. Por tanto, al final, se parece más a un exclusivo centro comercial, con muchas actividades diferentes. Otra diferencia tiene que ver naturalmente con la ciudad, porque El Cairo es una ciudad muy contaminad, caluroso y ventosa. Una de las ideas de base ha sido crear un edificio con una parte exterior muy simple, protegida frente a los agentes atmosféricos, del viento y de la arena que éste transporta. En el interior he creado una escultura completamente de cemento, utilizando medios locales. Es una especie de escultura tridimensional, en parte dedicada a los coches, en parte a las tiendas, etc. A su modo es muy flexible. Si se mira el proyecto, no se le se puede asociar en los más mínimo con el de Citröen y esto es positivo.
Está construyendo otro edificio importante en París: la torre AVA en La Défense, ¿puede decirnos algo sobre este proyecto?
Manuelle Gautrand: creo que construir un rascacielos es el sueño de cualquier arquitecto. Cuando empecé el proyecto me sentía muy feliz de tener esta oportunidad. El proyecto me apasiona mucho, mucho más porque que se encuentra en el barrio de La Défense, que es un barrio muy especial de París. Está lleno de modernidad, en fuerte contraste con el centro de la ciudad que parece casi un museo. La Défense es una especie de nueva y modernísima ciudad, cercana a París pero de algún modo separada de ella. La mayor parte de los edificios fueron construidos hace veinte años, pero ahora en el barrio hay muchos problemas como la seguridad y la calidad de vida. Algunas torres son muy viejas y necesitan una urgente rehabilitación. Entre los años sesenta y los años ochenta, cuando se inició el desarrollo de este barrio, las infraestructuras fueron construidas de modo ambicioso, por ejemplo, hay muchas autopistas y carreteras elevadas, con resultados que no han demostrado ser positivos. Como he dicho, cuando se pasea, no se tiene una sensación de seguridad y de comodidad. Las calles y las carreteras están sobre nosotros o unidas a nosotros y es difícil conectar los dos niveles de espacios peatonales. El sitio donde construir la torre era muy interesante porque se encuentra justo en el centro de estas dificultades. Se me ha brindado la oportunidad de pensar nuevos espacios públicos y de recalificar la autopista que atraviesa el lugar. El proyecto final prevé una torre de 140 metros de altura de 200 m de ancho. El ancho supera a la altura. Naturalmente esto hace que el proyecto sea todavía más interesante. Para mí es una ocasión de pensar en cómo modernizar este lugar en La Défense y, más en general, de organizar enlaces y conexiones entre los distintos niveles de la torre como el hall y los niveles interiores y los espacios públicos de alrededor. Una de las dificultades en la construcción de una torre es la necesidad de evitar que esté demasiado separada de su contexto. Mi objetivo para este proyecto es, por tanto, conectar la torre con lo que la rodea y añadir en torno muchos elementos agradables a los espacios públicos. Por tanto, trabajar en profundidad en términos de enlaces contextuales y enlaces públicos, etc..
¿Qué me dice de la estética?... diría que es muy fascinante
Manuelle Gautrand: Sí, lo es, porque en La Défense existen muchas torres que quizás hoy están pasadas de moda. Sin embargo, para mí esto no era tan importante. A menudo las torres sólo tienen fachadas continuas, por tanto parecen todas iguales. Quería encontrar algo diferente, con objetivos sostenibles. Hemos decidido por tanto de crear un retículo hecho de perfiles metálicos a utilizar soporte para una serie de filtros.
En las fachadas oeste y sur, los retículos más espesos sirven para filtrar y reducir la irradiación solar dentro de las plantas. En las fachadas norte y este su objetivo es exactamente el contrario, es decir, maximizar la entrada de la luz del sol en el interior. El intento estaba en jugar con este retículo para crear los reflejos que permitan la entrada de una mayor cantidad de luz. Esto hace que el retículo sea crucial en el control de la luz solar, para trabajar con objetivos sostenibles, reducir al mínimo los requisitos energéticos y conferir a la torre un aspecto diferente. También el color es especial: es dorado y crea una miríada de reflejos. El mismo diseño del revestimiento es muy singular y se basa en formas romboidales que crean una textura gráfica. Existe una fuerte continuidad entre el diseño gráfico del revestimiento de la torre y los espacios de la planta baja. Hay tres niveles que se encuentran fuera de la torre y están dedicados a estructuras comunes como restaurantes, cafeterías, plaza, etc. La textura del retículo sirve en todas partes para filtrar la luz solar. Una forma en particular se repite para expresar la fluidez de la arquitectura, la conexión enlace entre la torre y los espacios comunes de la planta baja: el retículo tiene aquí también la función de envolver la autopista que atraviesa el sitio. Caminando a lo largo de las calles, ya no se ve la autopista. Creo que la intención era realmente mejorar el sitio, esconder la autopista y conferir al barrio un aspecto totalmente diferente.
En la foto de su sitio web lleva puesto un casco de obra, casi parece un manifiesto, por tanto, la pregunta es la siguiente: ¿cree que una mujer tiene que ser una guerrera si quiere tener que ver con la construcción?
Manuelle Gautrand: Creo que debemos luchar siempre en un cierto punto. Naturalmente el sector de la construcción es muy difícil, pero creo que lo es tanto para una mujer como para un hombre. Siempre hay fases muy complejas. Trabajamos con constructores, clientes e ingenieros, y un arquitecto siempre está en el centro de esta red de relaciones. Debemos atenernos a nuestros objetivos y es muy difícil porque mientras tanto el edificio se desarrolla. No compartimos siempre los mismos objetivos que el constructor, aunque naturalmente los compartimos también con el cliente.
A veces las relaciones con el constructor son más difíciles a causa de cuestiones financieras y técnicas y, por tanto, debemos ser combatientes pero creo que lo mismo vale para los hombres. También la fase de estudio es muy compleja. Pienso que es un trabajo en el que si se quiere permanecer fiel al objetivo y mantener la fuerza y la pureza del proyecto y los bosquejos originales uno ha de ser siempre combatiente, desde el principio hasta el final. Pero podemos hacerlo con placer.