Claudio Nardi

Arquitectos Entrevista

31/01/2011

Flores Zanchi interviews Claudio Nardi.

Su MOCAK, el nuevo museo de arte contemporáneo de Cracovia, ha sido realizado en dentro de la antigua Fábrica de Schindler, ¿cómo se ha puesto frente a un lugar tan cargado de significados?
Claudio Nardi:
El nombre y las palabras, más que los lugares, continuaban contando, transmitiendo la memoria. Los antiguos pabellones de producción de la fábrica Schindler, utilizados para la producción hasta los años ‘60 habían diluido mientras tanto en la cotidianidad los signos de aquel período dramático. El proyecto, que lleva a cabo una fusión entre edificios existentes y nuevas superficies tiene, significativamente, como matriz el signo industrial del lugar: la cubierta en shed. A pesar de la profunda obra de consolidación de los edificios existentes ha sido posible poner en evidencia poco de las estructuras preexistentes, pero en la fachada principal hemos mantenido en su integridad y en relación con los nuevos espacios contemporáneos acristalados, el muro testero de los antiguos pabellones, desnudo, expresivo como signo de  memoria  y de continuidad. El contexto ha tenido un gran peso en el proyecto, más bien ha sido decisivo, tanto para el orden planimétrico, dato que el área a disposición se presentaba  quebrada, casi escondida y encajada en medio de otros edificios, como en las formas y en los signos dominantes.
Las nuevas áreas edificadas del museo se desarrollan como una continuación ideal de los antiguos pabellones, la cubierta en shed se extiende a las nuevas salas y se“engancha” al profundo y alto muro color antracita que se proyecta  hasta la calle Lipowa. Era necesario  connotar con un lenguaje coherente la nueva y la vieja arquitectura y extender y dar fuerza y visibilidad, desde el exterior, al signo y a la presencia de la nueva estructura.

El nuevo edificio crea también nuevos dinámicos dentro del área que se está configurando cada vez más como el barrio creativo de la ciudad, ¿cuáles son las elecciones que ha llevado a cabo en este tal sentido?
Claudio Nardi:
desde los primeros pasos del proyecto hemos preferido apostar por la creación de un nuevo espacio urbano, permeable, atravesable, transparente, que se convirtiera en tejido conectivo y no sólo en icono del desarrollo y la transformación del barrio. Partiendo de su destino industrial hemos trabajado sobre el nuevo, que comprenderá también en el futuro viviendas, creando servicios culturales que sean parte integrante de los itinerarios turísticos de la ciudad.
El diálogo con el “Museo de la Memoria” situado en el edificio frente al MOCAK, que también en otro tiempo formaba parte de la Fábrica de Schindler, me parece necesario en el relato total y en la relación con el nuevo museo de arte contemporáneo, que mira y busca en dirección del futuro, en éste se puede encontrar una chispa de continuidad ideal con la historia.  Los diversos edificios se disponen en torno a un recorrido “urbano”, un paseo, que atraviesa el área, la hace convertirse en “cotidiana”, en un trozo de ciudad.   Es la idea de un museo extendido que acoge y atraviesa el contexto reinterpretándolo pero que se convierte  en cualquier caso en protagonista  porque tiene una connotación fuerte:  pertenece a la contemporaneidad.

¿Desde el punto de vista funcional cuáles son los principios que han dado forma al museo?
Claudio Nardi:
La distribución de los espacios sigue la lógica de las funciones desplazadas a un espacio difuso, conectadas por paseos, galerías, ensanches a los que se asoman un café, un restaurante, una biblioteca y un taller para artistas, en particular el edificio que alberga las áreas expositivas se distribuye en una forma fluida que resuelve de un modo natural la dificultad de organizar los espacios proyectados creados  en un conjunto de  zonas residuales entre los edificios,  cerrados en anillo, todo alrededor del museo.

También la elección de los materiales parece estar a caballo entre el futuro y la memoria del lugar, ¿cómo los ha elegido?
Claudio Nardi:
El signo de la cubierta en shed, como decía, es al mismo tiempo huella histórica y lenguaje contemporáneo, el zinc titanio negro que revestía ya las cubiertas se ha convertido en uno de los materiales dominantes y el registro cromático de todo el proyecto ha seguido su huella. Las fachadas del cuerpo principal están revestidas en cambio de paneles Fibras C antracita, la fuerza decidida, también cromática, de este material reviste el “bastidor” que anuncia en la calle Lipowa la presencia del nuevo museo, guiando la mirada, a través de las grandes cristaleras, hasta dentro de las salas expositivas y que abraza alrededor todo lo viejo y lo nuevo, síntesis y anuncio de una nueva e importante identidad.


El MOCAK ha sido inaugurado con una exposición sobre su trabajo cuyo comisario ha sido usted mismo, no es fácil contarse, ¿cómo lo ha hecho?
Claudio Nardi:
La invitación que me dirigió la directora Maria Anna Potocka para organizar una “exposición” sobre mi trabajo para la inauguración del museo me ha preocupado, obviamente, pero también me ha motivado en la búsqueda de una clave de lectura sobre mi forma de afrontar la arquitectura. El resultado es un relato desarrollado a través de imágenes, fotos, vídeos, palabras y comentario sonoro en un montaje en 11 pantallas distribuidas dentro de algunas salas del museo. La intención era hacer un relato en varios niveles, que fuese una lectura principalmente  instintiva, emotiva y que hiciera posible comprender mis ideas de belleza, de sencillez y complejidad, de conjunto y detalle, de arquitectura e interiores, de profundidad y ligereza… Quizás demasiada materia, pero ha sido apasionante como inicio de un recorrido de relectura de ideas, intenciones, experimentos y consolidación de un lenguaje.

En Cracovia está construyendo otro edificio, el COI, un nuevo centro para las inversiones del Ayuntamiento, ¿nos habla de la génesis de este proyecto?
Claudio Nardi:
También Centro para las Inversiones como el MOCAK, ha llegado tras haber ganado un concurso público. El complejo de unos 120.000 m2, que comprende oficinas municipales, departamentos, concejalías y una sala de congresos, surge sobre una zona verde de Nowa Huta, la ciudad “nueva” que le gustaba a Stalin en los años ‘50.  La forma articulada del área edificable, el punteado difuso de arbolados existentes que hay que mantener, podían representar un vínculo voluminoso en la concepción de un complejo arquitectónico contemporáneo y de gran visibilidad. En cambio nuestro proyecto toma su forma, su fuerza, la razón de sus elecciones dimensionales y cromáticas precisamente de esos vínculos. Un concepto simple y complejo, casi natural: el organismo arquitectónico funciona como un enorme árbol, compuesto por dos edificios independientes que interaccionan entre sí gracias a un sistema articulado de conexiones en varios niveles, por las que corren como sangre vital los diversos flujos de los recorridos trazados por los usuarios. Como un elemento natural el'edificio es permeable, una arquitectura viva, engastada en el ambiente natural, del que imagino el reflejo fulvo de las paredes sobre las blancas transparencias de los cristales, su reverbero a la luz del verano, el contraste con el verde de las copas de los árboles o su emerger irisado por la blancura de la nieve que cubre Cracovia durante muchos meses al año.